Especialistas matizan el debate sobre suplementación con calcio y vitamina D

Una revisión sistemática generó dudas sobre el uso de estos suplementos, pero el presidente de FASEN aclara que no se debe suspender su indicación en pacientes que lo requieren.

La difusión de una reciente revisión sistemática y metaanálisis, elaborada por investigadores de centros asistenciales y académicos de Quebec, Canadá, generó debate y dudas entre pacientes y profesionales. El trabajo analizó estudios previos sobre suplementación con calcio y vitamina D para la prevención de fracturas y caídas en adultos. Algunos medios interpretaron sus resultados como una señal de que no se justificaría el uso de estos suplementos. Sin embargo, para el médico endocrinólogo Agustín Ramírez Stieben, presidente de la Federación Argentina de Sociedades de Endocrinología (FASEN), esa lectura requiere matices.

“Se dijo que cambió el consenso sobre la indicación de calcio y vitamina D, pero no es exactamente así. No es lo mismo evitar la suplementación indiscriminada que suspender un tratamiento indicado en pacientes que sí lo necesitan”, explicó a La Capital.

Lo primero que destaca el especialista es que la interpretación de los niveles de vitamina D no debe hacerse de manera aislada. “Los puntos de corte para definir deficiencia o suficiencia pueden variar según las guías utilizadas, y la frecuencia de valores bajos también cambia mucho según la región analizada, la edad de la población, la exposición solar, la época del año y los hábitos alimentarios”, detalló el médico rosarino.

“Por eso, más que hablar de un único valor aplicable a todos, lo importante es interpretar el resultado en el contexto clínico de cada persona: si tiene osteoporosis, antecedentes de fractura, riesgo de caídas, enfermedades asociadas o factores que aumenten la probabilidad de deficiencia”, agregó el profesional.

La vitamina D es una vitamina con función hormonal, fundamental para favorecer la absorción intestinal de calcio y contribuir al mantenimiento de huesos sanos. Además, participa en otros procesos del organismo, como la función muscular y la regulación del sistema inmunológico.

“El estudio que se difundió no fue un ensayo clínico nuevo sino una revisión sistemática y metaanálisis, es decir, un trabajo que reúne y analiza estudios previos. En muchos de esos trabajos participaron personas sin osteoporosis, sin deficiencia comprobada de vitamina D y sin alto riesgo de fracturas. En esa población, no se observó un beneficio claro en la reducción de fracturas o caídas, pero eso no puede trasladarse automáticamente a quienes sí tienen osteoporosis, antecedentes de fracturas, mayor vulnerabilidad ante caídas o riesgo de fractura de cadera”, explicó Ramírez Stieben.

“Eso es muy distinto a decir que nadie necesita suplementación. La vitamina D y el calcio deben indicarse cuando corresponde, en función del riesgo y de la situación clínica de cada paciente. Asimismo, en personas con osteoporosis o con elevado riesgo de fractura, forman parte del tratamiento integral, junto con la actividad física, las medidas de prevención de caídas y, cuando están indicados, los medicamentos específicos para la osteoporosis”, agregó.

Una editorial publicada en la misma edición de la revista también puso el foco en el impacto económico del uso masivo de vitamina D. Allí se menciona que, en Quebec, las prescripciones de vitamina D representaron un costo de 43 millones de dólares para el sistema público de salud en 2025, sin contar los preparados de venta libre ni los análisis de laboratorio.

“El dato económico es relevante, pero no debe llevar a una conclusión equivocada. Una cosa es evitar indicaciones indiscriminadas en personas sin riesgo claro, y otra muy distinta es dejar de indicar vitamina D en quienes realmente la necesitan”, explicó Ramírez Stieben.

¿Todas las personas deben medirse vitamina D? “No. La vitamina D no debe medirse de manera rutinaria en toda la población. La indicación debe estar orientada por el criterio médico y por la presencia de factores de riesgo”, sostuvo el profesional.

Entre las personas en quienes puede estar indicado evaluar sus niveles se encuentran quienes tienen sospecha o diagnóstico de osteoporosis, antecedentes de fracturas, adultos mayores institucionalizados, enfermedad renal, trastornos de malabsorción intestinal, baja exposición solar, obesidad, algunas enfermedades autoinmunes o inflamatorias crónicas, o enfermedades y tratamientos que puedan predisponer a deficiencia. “Por eso, no es correcto decir que cambió el consenso sobre la vitamina D. Lo importante es evitar el dosaje y la suplementación indiscriminados, e indicar su evaluación y tratamiento en pacientes seleccionados”, enfatizó.

“El mensaje no es que la vitamina D sea inútil. El mensaje es que no debe indicarse de manera indiscriminada, sino en quienes realmente pueden beneficiarse”, señaló Ramírez Stieben. “Por eso, la evaluación debe concentrarse en personas con factores de riesgo o situaciones clínicas que aumenten la probabilidad de deficiencia. No se trata de medir vitamina D en toda la población, sino de hacerlo cuando puede cambiar una conducta médica”, señaló.

“Siempre debe ser una indicación médica. No se recomienda tomar vitamina D por cuenta propia, porque la dosis y la forma de administración dependen de cada paciente, de sus niveles en sangre, de sus factores de riesgo y de sus enfermedades asociadas. Puede indicarse en esquemas diarios, semanales, mensuales o con otras modalidades, según cada caso”, puntualizó.

Ramírez Stieben señaló que la osteoporosis suele asociarse con mayor frecuencia a las mujeres, especialmente después de la menopausia, por la caída de los estrógenos. Sin embargo, aclaró que también puede afectar a los varones. “Los hombres consultan menos y muchas veces llegan más tarde al diagnóstico. Que no atraviesen la menopausia no significa que estén exentos de osteoporosis o de fracturas por fragilidad”, explicó el endocrinólogo.

En resumen, para el especialista, el estudio difundido refuerza la necesidad de una medicina más personalizada. “La vitamina D no es una solución universal para toda la población, pero sigue siendo una herramienta importante cuando está bien indicada. La clave es identificar quiénes la necesitan”, señaló. En ese sentido, agregó que el cuidado de la salud ósea no se limita a indicar o no vitamina D. En personas con osteoporosis o elevado riesgo de fractura, el abordaje debe ser integral: incluye actividad física, prevención de caídas, aporte adecuado de calcio y vitamina D y, cuando corresponde, medicamentos específicos para la osteoporosis.

También implica detectar a tiempo a quienes pueden tener mayor riesgo, mediante la evaluación clínica y, en los casos indicados, estudios como la densitometría ósea. “No se trata de indicar vitamina D a todos ni de dejar de indicarla en quienes la necesitan. El objetivo es usarla mejor: en los pacientes adecuados, con la dosis correcta y dentro de un abordaje integral de la salud ósea”, enfatizó.

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