Las persistentes lluvias y la alta humedad del otoño en Rosario incrementaron la demanda en lavanderías y tintorerías, según comerciantes consultados.
Las persistentes lluvias y la alta humedad que marcaron gran parte del otoño en Rosario dispararon la demanda en lavanderías y tintorerías de la ciudad. Con varios días consecutivos de cielo cubierto, lloviznas intermitentes, temperaturas que oscilaron entre los 9 y los 16 grados y niveles de humedad cercanos al 100%, secar la ropa se convirtió en un desafío para muchos hogares.
En ese contexto, los rosarinos recurrieron a estos comercios para resolver una necesidad cotidiana. Desde distintas lavanderías consultadas aseguraron que en las últimas semanas aumentó la demanda, especialmente por el lavado de acolchados, frazadas y camperas en la antesala del invierno. Sin embargo, advirtieron que el movimiento todavía está por debajo del registrado en otros años.
Silvia, responsable de una lavandería ubicada en la esquina de Maipú y Santa Fe, afirmó: “Con este clima sin sol la ropa no se seca. Aumentó mucho el trabajo. Hacía falta”.
Solange, de la lavandería A Vapor, sobre calle San Juan, sostuvo que “el tema humedad siempre juega a favor y estamos con bastante trabajo”. Mariana, que trabaja en una tintorería de España al 1100, describió jornadas de intensa actividad: “Estos días cuando hay humedad se colapsa porque viene muchísima gente”.
Los artículos más solicitados son acolchados, cubrecamas, camperas y ropa de abrigo. “Esta es la época de los acolchados, la gente los quiere ya. También traen toallas porque con la humedad quedan con olor, y sábanas porque son muy grandes”, explicó Silvia. Mariana agregó que muchas personas aprovechan para realizar el recambio de temporada.
En cuanto a precios, el lavado de un acolchado común cuesta alrededor de 38 mil pesos, mientras que los de pluma pueden oscilar entre 46 y 48 mil pesos. El bolsón de cinco kilos, que permite lavar entre diez y doce prendas, ronda los 9 mil pesos. Un lavado común con secado cuesta alrededor de 10 mil pesos, y los cubrecamas van de 35 mil a 40 mil pesos.
Entre los clientes más frecuentes aparecen los estudiantes universitarios que viven solos en Rosario. “Los chicos que vienen a estudiar suelen ser clientes habituales porque muchos no tienen lavarropas o no cuentan con espacio para secar la ropa”, contó Silvia.
Pese al aumento de trabajo, desde el sector señalaron que la situación económica sigue afectando. “En invierno se mueve un poco más. En marzo estábamos medio mal, después arrancó, pero sube y baja. Depende de la plata que tenga la gente”, sostuvo Silvia. Mariana coincidió: “La misma gente te comenta que cuando tiene que achicar gastos, lo primero que deja es la lavandería. A fin de mes se nota mucho. Trabajo hay, pero no es como otros años”.
Consultada sobre objetos olvidados, una trabajadora reveló que en los filtros aparecen desde monedas hasta escarbadientes, y explicó la desaparición de medias: “Las medias muy finitas a veces se van al filtro. Hasta que no se rompe el lavarropas o tienen que cambiarlo, muchas veces no aparecen”.
