El especialista en Derecho Administrativo participó en la 62ª Conferencia Anual de la Federación Interamericana de Abogados (FIA) en Rosario, donde advirtió sobre los riesgos de los sesgos en la inteligencia artificial y defendió el control humano en decisiones judiciales y administrativas.
El académico y especialista en Derecho Administrativo Alberto Biglieri participó en Rosario de la 62ª Conferencia Anual de la Federación Interamericana de Abogados (FIA), que se desarrolló bajo el lema «Universalidad del Derecho en la era de las nuevas tecnologías». Allí disertó sobre «El impacto de la Inteligencia Artificial en las Fuentes del Derecho Administrativo» y fue distinguido con la medalla «William Roy Vallance» por su trayectoria profesional, académica y colegial, así como por sus aportes al estudio, la enseñanza y el fortalecimiento de las instituciones jurídicas.
En una entrevista con El Litoral, Biglieri resaltó la utilidad de las herramientas de inteligencia artificial (IA) en la práctica jurídica y judicial, pero advirtió sobre los riesgos que supone la aparición de sesgos. «Yo creo que es una herramienta fenomenal. Pero hay que tener cuidado, porque lo que no hay que hacer nunca es resignar la decisión humana final», afirmó.
Biglieri explicó que la IA generativa, al estar alimentada con grandes volúmenes de datos de Estados Unidos, Europa y China, puede generar sesgos que no se corresponden con la realidad local. «Cuando te querés informar terminás accediendo a una IA que está alimentada con una gran cantidad de datos que no tienen nada que ver con nuestra cultura», señaló.
El especialista destacó que la Unión Europea ya está regulando el uso de la IA, clasificando los riesgos: «Usarla para contestar un mail: bajo riesgo. Para la foto multa: riesgo mediano. Para tomar decisiones sobre libertad, impuestos o patrimonio: riesgo alto, inaceptable». En ese sentido, sostuvo que «no podés usarla para que tome la decisión. Ahí no se puede prescindir del control humano».
Biglieri también se refirió a los beneficios de la IA como «hiperprocesador de texto maravilloso» y defendió su uso como herramienta, siempre que el humano mantenga el control final. «La inteligencia artificial hace lo que por volumen no puede hacer el humano, pero el humano es el que controla», concluyó.
