Pilar Prades Expósito, conocida como «la envenenadora de Valencia», fue una empleada doméstica que envenenó con arsénico a varias personas y se convirtió en la última mujer ejecutada en España.
Pilar Prades Expósito, conocida como «la envenenadora de Valencia», nació en Bejís en 1928, en una familia humilde. A los 12 años se mudó a Valencia para comenzar a trabajar. Era analfabeta y de carácter introvertido, y se desempeñó como empleada doméstica en varias casas de familia.
En 1954 empezó a trabajar para el matrimonio de Enrique Vilanova y Adela Pascual, dueños de una chacinería. Además de sus tareas domésticas, atendía el comercio cuando se acumulaban los clientes. El 19 de marzo de ese año, Pascual cayó enferma con síntomas similares a la gripe y falleció posteriormente. Tras su muerte, Vilanova despidió a Prades, cerró el negocio y abandonó Valencia.
Prades luego trabajó en la casa del médico militar Manuel Berenguer y su esposa, María del Carmen Cid, recomendada por la cocinera del lugar, Aurelia Sanz Hernanz. Poco después, Hernanz se enfermó y Berenguer la internó en el hospital, donde mostró mejoría temporal. Luego, la esposa del médico presentó los mismos síntomas, lo que llevó a consultar a otros especialistas y a realizar pruebas para detectar veneno.
Berenguer sospechó de Prades y contactó a Vilanova, su anterior empleador. Posteriormente, denunció a la empleada y se exhumó el cadáver de Pascual, en el que se hallaron restos de arsénico. Prades confesó los hechos tras 36 horas sin comer ni dormir, y se encontró entre sus pertenencias un frasco de matahormigas con base de arsénico, que se consideró el arma homicida.
A pesar del consejo de su abogado, Prades se declaró inocente, pero fue condenada a muerte por garrote vil. El mecanismo de ejecución consistía en un collar de hierro atravesado por un tornillo con una bola, que al girarlo causaba la rotura del cuello. El verdugo designado fue Antonio López Sierra. La ejecución estaba prevista para las 6:00, pero se retrasó más de dos horas mientras se esperaba un indulto que nunca llegó.
