Las producciones audiovisuales argentinas sobre crímenes reales ganan terreno en plataformas globales. Un análisis del fenómeno y sus implicancias.
La producción audiovisual argentina ha encontrado en los casos policiales reales una fuente de inspiración recurrente. Ejemplos recientes incluyen la película sobre el caso Barreda en Prime Video y el estreno cinematográfico de ‘Pepita, la pistolera’, que luego llegará a plataformas. Además, se planean proyectos sobre el caso Nora Dalmasso, y ya se estrenaron series como ‘Carmel: ¿Quién mató a María Marta?’ y ‘Crimen en el Country’. También hay una serie sobre Yiya de Murano y una película sobre Nahir Galarza.
El género criminal, que no es estrictamente ‘policial’, tiene una larga tradición en el audiovisual argentino. Sin embargo, la recurrencia de casos mediáticos en estas producciones genera preguntas sobre su potencial exportación: ¿tendrá el caso Barreda el mismo atractivo global que el de Jeffrey Dahmer?
Una hipótesis plantea que el true crime actual se relaciona más con el reality show que con el cine o la telenovela. El reality show, según esta visión, representa la culminación de la televisión como medio para mostrar lo real en tiempo real. La ficción televisiva tradicional se ha desplazado a las plataformas, y el true crime surge como una forma de narrar historias reales con elementos de suspenso.
En Argentina, el interés se centra a menudo en las fallas del sistema judicial y la impunidad, más que en la resolución del crimen. En casos como los de Yiya de Murano, Barreda o Nahir Galarza, la identidad del culpable es clara, pero la duda o polarización persiste, como se observa en la campaña del film sobre Barreda que habla de un crimen que ‘dividió a un país’.
La fascinación por el psicópata y la posibilidad de que el crimen ocurra cerca del espectador son factores que explican el atractivo del género. En los años 90, el programa ‘Sin Condena’ en Canal 9 recreó casos criminales argentinos con éxito, aunque con críticas. Hoy, las plataformas internacionales producen contenido con miras al mercado global, y el true crime argentino podría encontrar una audiencia internacional, siempre que se adapte a narrativas que trasciendan lo local.
