El organismo difundió la actualización de las Perspectivas Económicas Globales. Para 2027 proyectó un crecimiento del 3,5% y una inflación del 21,2%. El desempleo subiría al 7,6% este año.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) difundió este lunes la actualización de las Perspectivas Económicas Globales (WEO, por sus siglas en inglés), en la que revisó las proyecciones para la economía argentina.
Según el informe, el Producto Bruto Interno (PBI) de la Argentina crecerá un 2,1 por ciento en 2026, 1,4 puntos porcentuales menos que el 3,5 por ciento estimado en los informes de abril y julio de este año.
La inflación acumulada para este año fue calculada en un 32,5 por ciento, 2,1 puntos más que el 30,4 por ciento proyectado en abril pasado.
Para 2027, el organismo estimó que el PBI argentino crecerá un 3,5 por ciento, por debajo del 4,5 por ciento previsto en 2025, y que la inflación se desacelerará hasta el 21,2 por ciento, 5,5 puntos porcentuales por encima del 15,7 por ciento proyectado en abril pasado.
El informe también indicó que la tasa de desempleo se ubicaría en el 7,6 por ciento en 2026, levemente superior al 7,4 por ciento del año pasado, y que en 2027 bajaría al 7,1 por ciento.
La publicación se dio a conocer en el marco de las reuniones conjuntas del FMI con el Banco Mundial en Tailandia, de las que participa el ministro de Economía, Luis Caputo, quien tiene previsto reunirse con la titular del organismo, Kristalina Georgieva.
Respecto de la economía mundial, el FMI afirmó que «está demostrando más su resiliencia, aunque de forma desigual y con márgenes de ajuste a corto plazo», y señaló que la actividad durante el primer semestre de 2026 «resistió mejor de lo previsto, pese a la prolongación de la guerra en Oriente Medio y a las continuas presiones derivadas de las tensiones comerciales».
En ese contexto, proyectó un crecimiento mundial del 3,1 por ciento en 2026 y del 3,4 por ciento en 2027, porcentajes similares a los de las proyecciones de abril de 2026. La inflación general mundial aumentaría hasta el 4,7 por ciento en 2026, principalmente por el alza en los precios de la energía y los alimentos, y luego se moderaría hasta el 4,1 por ciento en 2027.
El informe destacó el impulso a la demanda mundial generado por la inversión en inteligencia artificial (IA). «La interacción de estas fuerzas —la geopolítica y la tecnología— ha dado lugar a una economía mundial dividida: los términos de intercambio favorables y las exportaciones y las inversiones relacionadas con la tecnología proporcionan un colchón a algunos países, mientras que otros se enfrentan a un mayor costo total de las importaciones y a una demanda más débil», sostuvo.
El FMI agregó que «el uso de los márgenes de maniobra y la capacidad de adaptación han ayudado a las economías a absorber los shocks adversos hasta el momento», y mencionó entre los factores que amortiguaron el impacto de la guerra sobre la actividad económica la flexibilidad de las respuestas de la oferta, el redireccionamiento de cargamentos, la reducción de las existencias, las medidas de apoyo fiscal y una menor intensidad energética que en décadas anteriores.
El reporte distinguió entre «los países con escasa exposición directa al shock de la guerra y con una fuerte participación en el auge tecnológico, donde la actividad económica se mantiene firme o incluso se fortalece, y los exportadores de energía situados fuera de la zona inmediata del conflicto que se benefician de unos términos de intercambio favorables».
En contraste, señaló que «las economías importadoras de energía poco vinculadas a la cadena de valor tecnológica hacen frente a una situación más difícil: mayores costos de importación y presiones cambiarias, menores ingresos reales, un espacio fiscal más limitado y menos factores que compensen la debilidad de la demanda», y advirtió que muchos países de ingreso bajo y vulnerables pertenecen a este grupo, lo que aumenta el riesgo de que los shocks recientes amplíen las brechas de ingreso tanto entre países como dentro de ellos.
Sobre el comercio mundial, el FMI proyectó que el crecimiento del volumen se desacelere en 2026 y se estabilice en 2027 «como consecuencia de la política de aranceles impulsada sobre todo por Estados Unidos, a los ajustes en las cadenas de producción y a la persistente fortaleza del comercio relacionado con la tecnología».
