Un estudio de Google redujo la estimación de recursos necesarios para un ataque cuántico contra Bitcoin; especialistas señalan que ninguna máquina actual puede ejecutarlo y que las redes trabajan en actualizaciones de firma poscuántica.
Un estudio publicado por un equipo de Google en marzo de este año indicó que para descifrar la protección criptográfica de Bitcoin se necesitaría una computadora cuántica unas veinte veces más pequeña de lo que se calculaba en 2023. Un mes después se difundió el primer caso de “ruptura” de una clave con una computadora cuántica real, aunque la clave era de tamaño reducido en comparación con las de Bitcoin y otros desarrolladores mostraron que el mismo resultado se obtenía con números elegidos al azar.
En la actualidad, ninguna máquina es capaz de romper la protección de Bitcoin. Las computadoras cuánticas más avanzadas manejan algunas decenas de qubits lógicos, unidades de cálculo protegidas contra errores, y el ataque estimado por Google requiere más de 1.200 qubits lógicos operando sin pausa durante millones de pasos.
Cómo se protege un bitcoin
Los fondos de Bitcoin se resguardan mediante condiciones criptográficas que determinan quién puede gastarlos. En el caso más habitual intervienen una clave privada, que autoriza las operaciones, y una clave pública, que permite verificar las firmas. Con las computadoras actuales, reconstruir la clave privada a partir de la pública llevaría más tiempo que la edad del universo.
Una computadora cuántica suficientemente grande podría calcular la clave privada a partir de la pública en minutos o días. En los formatos de dirección más usados, lo que queda registrado en la blockchain es un resumen matemático (hash) de la clave pública, y la clave se revela recién cuando el dueño gasta esos fondos. Otros formatos la dejan a la vista desde el inicio. Estimaciones citadas ubican en torno al 30% los bitcoins con clave pública expuesta, ya sea por el formato de guardado o por reutilización de direcciones; en ese grupo figuran las monedas atribuidas a Satoshi Nakamoto, entre 600.000 y 1,7 millones según el cálculo.
Un ataque de este tipo apuntaría principalmente a las firmas digitales. Las funciones hash, en las que se apoyan la minería y buena parte de las direcciones, enfrentan una amenaza cuántica menor. Sin embargo, mientras una operación espera confirmación, la clave pública queda visible y una máquina lo bastante rápida podría intentar adelantarse.
Inteligencia artificial: planteos y respuestas
A comienzos de octubre, Justin Drake, investigador de la Fundación Ethereum, planteó que en el corto plazo (“meses y no años”) la inteligencia artificial podría encontrar un atajo matemático para romper estas claves sin una computadora cuántica. El jefe de criptografía de Coinbase calificó esa afirmación como FUD (miedo, incertidumbre y duda) sin evidencia, y Vitalik Buterin, cofundador de Ethereum, pidió no apresurarse. Hasta el momento no existe un trabajo científico que muestre a la IA debilitando la matemática que protege a Bitcoin.
En otro terreno, pruebas controladas mostraron una eficacia creciente de la IA para encontrar y aprovechar fallas en programas, billeteras y contratos inteligentes. Los cerca de 3.400 millones de dólares robados en el ecosistema cripto durante 2025 provinieron de errores humanos y fallas de seguridad operativa, sin que en ningún caso se rompiera la criptografía.
Actualizaciones en desarrollo
En agosto de 2024, el NIST (instituto de estándares de Estados Unidos) publicó los primeros sistemas de firma poscuántica, resistentes a estas computadoras. Su desventaja es el tamaño, decenas de veces mayor que el de las firmas actuales y, por lo tanto, más costoso en comisiones.
En Bitcoin, la propuesta más avanzada es la BIP-360, incorporada como borrador en febrero, que crea un nuevo formato que no expone la clave pública vulnerable y abriría la puerta a sumar firmas poscuánticas. Al momento de la nota, seguía sin fecha de activación. La BIP-361 propone congelar, pasado un plazo, las monedas que no migren. Para sus defensores es la única forma de impedir que el primero con una máquina capaz se quede con las monedas de Satoshi; para sus detractores, es una confiscación que rompe la promesa central de la red.
Ethereum tiene más fondos expuestos (más del 65% según un análisis de Deloitte, porque sus cuentas revelan la clave pública desde la primera operación que firman), pero se mueve más rápido. Su fundación armó en enero un equipo dedicado, fijó 2029 como meta para proteger su infraestructura central y programó para la actualización prevista en 2027 una mejora (EIP-8141) que permitirá a cada cuenta elegir un sistema de firma resistente. Bitcoin todavía no tiene calendario.
Stablecoins y el ahorro en dólares digitales
Según datos de Artemis difundidos por a16z crypto a fines de agosto, el 94% del volumen operado en pesos en el mercado cripto se vuelca a stablecoins (monedas digitales atadas al dólar, como USDT y USDC).
Las stablecoins circulan sobre redes como Ethereum, Tron o Solana y comparten su tipo de criptografía, de modo que no son un refugio automático. Los bonos del Tesoro que respaldan a las principales no se vuelven vulnerables porque se comprometa una clave de una blockchain, aunque no puede garantizarse que todos los mecanismos de emisión, custodia y control salgan indemnes. Los puntos débiles serían las cuentas de los usuarios y las claves que administran los contratos de emisión. En algunas stablecoins centralizadas, la capacidad del emisor para congelar tokens y coordinar una eventual recuperación podría facilitar una respuesta al incidente, aunque el resultado dependería de la vulnerabilidad explotada, de las facultades del emisor y de la posibilidad de identificar a los titulares legítimos. No existe una garantía general de recuperación, y las versiones que pasan de una red a otra a través de puentes son más frágiles que las nativas.
Perspectivas
Con la evidencia disponible, no hay motivos técnicos para tratar la amenaza cuántica como un ataque inminente contra Bitcoin, según la nota. Tampoco se considera prudente ignorar un riesgo que exige coordinación y cambios de protocolo con años de anticipación. Para el inversor, la recomendación es evaluar la concentración de la cartera, distinguir los riesgos actuales de los escenarios futuros y seguir los avances verificables de las redes.
En lo operativo, las direcciones del formato más difundido (P2WPKH, que suelen empezar con “bc1q”) mantienen oculta la clave pública hasta que se gastan, mientras que las de tipo Taproot (“bc1p”) la registran desde el inicio. El prefijo por sí solo no garantiza nada, porque también importan que la dirección no se haya reutilizado y el momento en que la clave queda expuesta. Pasar los fondos a una dirección nueva tampoco elimina el riesgo del envío. Cualquier migración conviene probarla primero con un monto pequeño.
