Un análisis sobre el uso de TikTok por parte de adolescentes y jóvenes, su diseño adictivo y las estrategias del periodismo para llegar a ese público.
En el análisis demográfico, TikTok es la red social más presente en adolescentes y jóvenes, incluso cada vez más como motor de búsqueda. Por lo que si el periodismo quiere llegar a ellos tiene que adaptarse a sus reglas. Y parece haber un consenso popular y académico de que es la más adictiva.
En febrero pasado, el gobierno de la Unión Europea (UE) expresó que esa red tiene un “diseño adictivo”, y le reclamó que desactive el deslizamiento infinito, habilite “pausas eficaces en el tiempo de uso —incluso durante la noche” y, entre otras cosas, cambie su algoritmo.
Ese ritmo frenético le viene de su origen musical. TikTok nació en China en el 2016, como extensión global de la red local Douyin. Al año siguiente, compró por mil millones de dólares a Musical.ly, una red social de videos cortos musicales que tenía 200 millones de usuarios a los que luego migró a la recién creada TikTok. Desde entonces el crecimiento fue espectacular. Hoy cuenta con casi dos mil millones de cuentas activas, alrededor de treinta millones en Argentina, con un consumo promedio por usuario de dos horas diarias entre jóvenes latinoamericanos.
El periodismo tikTokero
Si en las redes el periodismo está en un proceso de experimentación permanente, es en TikTok donde es más fina la línea de separación entre periodistas y creadores de contenidos. Allí hay periodismo oral, con rostro, y las marcas legacy del periodismo mundial suelen lanzar segundas marcas, con un estilo diferente como es frecuente con los productos dirigidos a público juvenil. Hay muchas innovaciones narrativas, datos fuertes, periodismo explicativo y recursos visuales que dan la batalla por los tres segundos: el tiempo de permanencia del usuario que hay que lograr.
La red paga muy poco a los que suben contenido por lo que a los medios les sirve solo para la visibilidad. TN y TyC son los medios con más seguidores en la red en Argentina.
Hace tres décadas la máquina adictiva era la televisión. Hoy son las redes y las plataformas audiovisuales. Esa adicción implica que sus usuarios pueden perder el sentido del tiempo, y abandonar otras actividades. Es un efecto desplazamiento de tiempo muy fuerte. Por eso, es una paradoja que una red que tiene gran capacidad de dilapidar tu tiempo se llame como el sonido de un reloj.
En su dictamen, el gobierno europeo habla del efecto madriguera de conejo, donde se entra explorando en forma casual y el usuario queda atrapado con la incertidumbre de una recompensa intermitente, similar a una máquina tragamonedas. No sabés cuándo vas a recibir el “premio” del video que te guste, pero es muy fácil intentarlo otra vez. En media hora podés ver unos 260 videos, con unos siete segundos en promedio cada uno. Estás esperando que el próximo video te interese y, como el escroleo es vertiginoso, no hay pausas que te den puntos de salida. Te repetís la frase: “veo uno o dos más y salgo”. Y no salís.
¿A qué llamamos hoy atención?
Está creciendo la saturación digital. La cantidad de contenidos publicados se duplica año a año, mientras que las interacciones se reducen. Se percibe un creciente malestar en los usuarios, cierta fatiga, vacío o resaca digital, después de un consumo que puede no dejarnos ninguna gratificación real.
Esta competencia por la atención nos confirma que la atención no es lo que era. No podemos llamar ‘atención’ a que una persona nos escuche unos pocos segundos. Lo que ves no lo vas a recordar. Pero para un medio periodístico esos pocos segundos tienen que ser el puente hacia una atención real.
Los expertos suelen distinguir entre la atención voluntaria, que es tu esfuerzo consciente de atender y poner foco a algo, y la atención involuntaria, cuando el entorno te maneja a vos y no ponés esfuerzo mental. La velocidad, el brillo, el color, el sonido u otros recursos del scroll infinito te tienen pegado. Podés ingresar a la aplicación con atención voluntaria, pero enseguida te interrumpís a vos mismo, empezás a buscar micro-recompensas, y al rato ya no sabés para qué entraste. Podés haber entrado simplemente para entretenerte pero, como ese entretenimiento no tiene una finalización natural, posiblemente estiras el tiempo más de lo previsto.
Existen por lo menos cuatro TikTok diferentes: el estadounidense, donde tiene un nuevo propietario y tienen más relevancia las cuestiones de seguridad y estratégicas; el europeo, donde las regulaciones mejoran la privacidad y cierto control del algoritmo; el latinoamericano, donde las regulaciones son más livianas; y el chino, que se sigue llamando Douyin (“sonido vibrante”). En China, a los menores de 14 años la red les fija un máximo de 40 minutos y los bloquea de noche, y los contenidos sufren el control de la dictadura.
En Brasil, la red acaba de recibir la sanción más grande de la región. Tuvo que pagar 30 millones de dólares y realizar cambios. Se le cuestionó tener estándares de privacidad más bajos que en Europa y Estados Unidos. Se cuestionó la recopilación de datos de niños y adolescentes sin autorización de los padres, y también se hizo referencia a su carácter adictivo.
Hoy la ola de protestas en Europa tiene en TikTok una de las pistas principales de patinaje por donde se desliza el contagio de ciudad a ciudad, y de país a país. En los videos de TikTok aparecen QRs, o en los comentarios están los links que integran a los que quieren a grupos de mensajería, desde los cuáles se organizan las protestas. Ante eso, el gobierno francés quiere que las plataformas borren en menos de un día los mensajes que promueven la violencia, y también hizo la polémica petición de desactivar funciones que permitan que personas que no se conocen se coordinen entre sí para protestar en zonas calientes. Las redes son un gran organizador colectivo. En especial, les preocupan TikTok, Instagram, Snapchat y X.
Las protestas no dependen de las plataformas, como lo demuestra la historia. Pero sí las ayudan.
Contracorriente
En la era de la atención involuntaria, Perfil propone herramientas para el esfuerzo mental, a través del retorno del diario de papel a partir del próximo martes 3 de noviembre, y se distribuirá sin costo en los centros educativos que lo pidan ([email protected]). A este grupo periodístico se le podrán hacer críticas, pero es innegable que en su adn tiene el impulso de ir a contracorriente cuando están en juego sus convicciones, lo que hace que muchas veces se sienta solo. El diario de papel no volverá al centro del ecosistema mediático, pero sí tendrá siempre un lugar entre las plataformas disponibles para el periodismo de calidad. Es innegable la capacidad del periodismo papel para que nuestra inteligencia ponga foco. Me da orgullo que me hayan invitado a colaborar con una organización que piensa así.
