Informalidad laboral en Argentina: 45% de los empleados urbanos no está registrado, según Indec

El segundo trimestre de 2026 registró una tasa de informalidad del 45% en aglomerados urbanos. Especialistas y referentes barriales describen las barreras de acceso al empleo formal, que se profundizan en los barrios populares.

La tasa de informalidad laboral en Argentina se ubicó en el 45% de los empleados en aglomerados urbanos durante el segundo trimestre de 2026, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). La problemática se profundiza en los barrios populares, donde confluyen múltiples barreras de acceso al empleo registrado.

Definiciones y causas estructurales

Raquel “Kelly” Olmos, dirigente del Partido Justicialista, ex ministra y economista, definió al trabajo no registrado como “trabajo sin derechos”. Sostuvo que la patronal “tiene capacidad de acumulación de ganancia y cuya presencia se intenta diluir en esta coyuntura, naturalizando la explotación del trabajo”.

Nicolás Greco, economista y director de Talento y Cultura de Techo, afirmó que la informalidad es una característica típica de las economías latinoamericanas. Explicó que en Argentina hay alta productividad en materias primas, un mercado que “no necesita tanto trabajo”, y menor productividad en manufactura, donde “se absorbe más mano de obra”.

Barreras de acceso en barrios populares

Olmos señaló: “Cuando cualquiera de nosotros se queda sin ocupación tiene un sistema de relaciones al que acudir, mientras que la gente más pobre carece de ese sistema de relaciones”.

Tomás Leone, fundador de la Academia Unidos —institución de formación en oficios de la construcción—, indicó que la falta de conocimiento para buscar empleo es uno de los primeros obstáculos para los jóvenes de barrios populares. “No saben armar el currículum ni en qué portales depositarlo, a la hora de dar una entrevista tampoco saben cómo presentarse ni cuál es el objetivo de la misma”, argumentó.

Araceli Ledesma, representante de la Mesa Nacional de Barrios Populares, coincidió: “Hay una diferencia entre aquel profesional que se preparó y tuvo acceso a la educación, y aquel que no”. Agregó que las personas “más vulnerables suelen tener vergüenza” de pedir que se les haga un currículum o de buscar trabajo, “por miedo a ser rechazados por su aspecto físico o su manera de vestir”. También planteó: “¿Quién se concentra cuando tiene frío o tiene hambre?”.

Isaías Ponce, adolescente de un barrio de la periferia de Rosario, identificó dos dificultades principales para conseguir un trabajo en blanco: “terminar la escuela y ser menor”.

Ramona Aquino, vecina del barrio Villa Oculta de Rosario, afirmó que el trabajo en blanco es imposible en el barrio. “Acá vienen a parar los que no tienen”, dijo, y mencionó al cirujeo y a la albañilería como principales fuentes de ingreso: “Acá hay cirujanos y changas, nada más”.

Factores tecnológicos y de capacitación

Walter Castro, vicepresidente de la Fundación Libertad, sostuvo: “Hay un cambio tecnológico tan brutal a nivel planetario que la forma de trabajar cambia todo todos los días”. Ledesma señaló la falta de herramientas ante un mundo que es “todo vía internet e inteligencia artificial”.

Paolo Nicolini, director del programa provincial Germinando —iniciativa gubernamental para facilitar la inserción laboral de personas que han tenido conflicto con la ley—, destacó que haber estado preso implica “una marca significativa”. Leone enfatizó que en la construcción “siempre piden antecedentes penales, lo que es un gran desafío para el proceso de reinserción laboral”.

Nicolini remarcó: “Además de la dificultad del acceso existe una dificultad en el sostenimiento”. Leone explicó que en los barrios existe una cultura del trabajo distinta: “A los chicos les cuesta muchísimo amoldarse a las dinámicas laborales formales, el famoso de nueve a cinco”.

Nicolini también mencionó un “cuello de botella cuando en las ofertas laborales se pide demasiada capacitación o trayectoria a jóvenes que solo han pasado por laburos simples e informales”. Ledesma consideró un “error gravísimo” pedir experiencia a quienes “terminaron con suerte la secundaria”.

Debate sobre costos laborales e impuestos

Castro ilustró la informalidad a través de la dinámica entre un empleado que demanda la protección de sus derechos y un empleador que no puede “pagar ese derecho sin fundirse”. Sostuvo que, en algunos escenarios, ambos “optan irremediablemente por la informalidad”. Agregó que cuando las leyes laborales resultan incumplibles, se presiona a la población hacia la informalidad.

Greco reconoció que la carga impositiva “a veces termina siendo un incentivo a la informalidad”, pero advirtió que “algunos impuestos hay que subirlos, otros bajarlos y otros rediseñarlos”. Añadió que la ausencia de control pesa tanto como la tributación y que hay sectores donde “no hay interés político de resolverlo”.

Olmos discutió que el origen esté en el costo de contratar. Explicó la informalidad como reflejo de un aparato productivo debilitado, donde las políticas neoliberales fueron “degradando la estructura productiva”. Afirmó que “las leyes laborales no crean ni destruyen trabajo, impactan en la distribución del ingreso” y concluyó: “Lo que crea trabajo formal es la política económica”.

Propuestas desde distintos sectores

Nicolini sostuvo que Argentina necesita recuperar el consumo y el mercado interno para generar puestos de trabajo y que el Estado debe tomar “una posición más directriz” en ciertos sectores. Olmos reclamó una industrialización que cree valor y describió una economía fracturada en dos: un sector extractivista y financiero dinámico, y una estructura industrial, comercial y de construcción que pierde empresas y empleo.

Castro ubicó la vía a la formalización en el mercado, con reglas bajo “una lupa estrictamente económica”. Manifestó que los problemas de la población se resuelven “con inversión y con competencia”. Planteó que lo primero a observarse es “si la cantidad de empresas crece o se achica”. Resumió: “¿El sindicato o la competencia? Para mí la competencia”.

Olmos puso el foco en los derechos laborales y sostuvo que para “fortalecer la posición de las y los trabajadores”, la política pública debe impulsar “la protección y la organización gremial”.

El rol del tercer sector

Nicolini afirmó que muchas organizaciones sociales “surgen a partir del 2001” y destacó su conocimiento, escucha y contención. Según el funcionario, desde los años noventa el Estado se ha ido retirando en ciertas zonas, tercerizando la llegada al territorio.

Greco señaló otra función “inobjetable” de las entidades sin fines de lucro: visibilizar la problemática laboral en los barrios. “En una sociedad cada vez más segregada que solo se informa a través de porcentajes, son las organizaciones sociales las que van al territorio, escuchan a los protagonistas de esas historias y ponen en agenda las problemáticas para construir políticas públicas”, reflexionó.

Leone definió al rol del tercer sector como “fundacional”. “Todo lo que está relacionado a la formación y generación de oportunidades laborales en territorio, el Estado lo trabaja cien por ciento a través del sector social”, afirmó. Olmos rescató la importancia de “fortalecer toda la red de organizaciones sociales” y ejemplificó: “Así como se hace apoyo escolar en los comedores y en escuela, también tiene que haber cursos de capacitación laboral para las personas desocupadas del barrio”.

Ledesma planteó que la articulación entre el Estado y el tercer sector “sigue siendo una deuda”. Destacó lo “poco valorada y reconocida” que resulta esta labor. “Hoy está muy demonizado el sector”, afirmó, “sin embargo, son quienes siguen sosteniendo el territorio cuando las cosas pasan”.

Academia Unidos: formación en oficios

Academia Unidos nació en Rosario con el objetivo de generar oportunidades de empleo a través de becas en oficios de la construcción. El primer impulso surgió de la desarrolladora inmobiliaria Pensaer, aunque Leone destacó que la Academia se creó oficialmente en 2025 como Asociación Civil independiente.

Leone comentó que la propuesta se basa en “dos dolores”: “El dolor social” por la falta de oportunidades laborales y formativas en barrios populares, y “el dolor del mercado” por la alta demanda de mano de obra calificada en oficios de la construcción. “Allí se encuentra una gran oportunidad de integración sociolaboral”, manifestó.

Actualmente, Academia Unidos cuenta con “alrededor de 50 estudiantes, repartidos en muchísimos barrios populares de la ciudad de Rosario”, entre ellos Los Unidos, Empalme, Ludueña, Godoy, Floresta y barrio La Sexta. El cuerpo estudiantil está compuesto por jóvenes que quieren formarse en oficios de alta demanda.

Epígrafes: Araceli Ledesma representando a la Mesa Nacional de Barrios Populares durante la presentación del Proyecto de Ley de Emergencia en Barrios Populares. Ramona Aquino e Isaías Ponce viven en Villa Oculta, un barrio popular de Rosario. Alumnos de la Cohorte 2026 en la Academia Unidos participan de un taller diseñado por arquitectos en el marco del ciclo de formación.

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