La consulta un cuento de Jorge Riestra

por Federico Vida*

En su último cuento, que después se extendería en novela, Jorge Riestra abordó un tema inédito en su obra: el psicoanálisis. Su título es La consulta, fue escrito en el 2008, publicado en 2009 en la Revista Nadja, y en 2014 en la Revista dixit.

Supe de su gestación una noche cuando, al buscar a Riestra para ir al café de billares, el escritor me recibiera con la siguiente pregunta: «Decime, ¿el psicoanálisis es una ciencia?». Pensando que se trataría de una de una chanza, evité dar respuesta y le pregunté por qué quería saberlo. Así fue que me enteré que Jorge estaba escribiendo un cuento que tenía por escenario un café, y dos personajes principales: un escritor y un psicoanalista.

En primer lugar, me sorprendió gratamente el hecho de que Riestra volviera a escribir ficción pues, desde su última novela «La historia del caballo de Oros» (1992), se había refugiado en el ensayo, no sin manifestar cierta inquietud por el hecho de que la idea «no viniera».

En segundo lugar, me sorprendió ver la escena montada sobre la escena: un escritor y un psicoanalista prestos a ir al café, conversábamos sobre un cuento en el cual un escritor y un psicoanalista se encuentran en un café.

Por su estructura, La consulta se asemeja al “juguete cómico”, subgénero del género chico español. Los juguetes cómicos eran obras teatrales de un acto, habitualmente cómicas, que transcurrían en un mismo lugar, y que podían contar con música y baile. Influenciados por el vaudeville, estaban expresados en lengua popular y su argumento versaba sobre un enredo amoroso.

En la España del siglo XIX, el juguete cómico estaba destinado a acompañar a la función teatral principal. Así es que también por su destino La consulta podría enmarcarse en aquel género ya que, inesperadamente, se transformó en el primer capítulo de una novela, aún inédita, en la que Riestra trabajó hasta sus últimos días.

Pero aquella noche, cuando aún se trataba de un cuento, comencé a anoticiarme de su trama por la segunda pregunta que me hizo entonces su autor: «Decime, ¿qué dice el psicoanálisis del espejo?». Respondiendo menos que preguntando, conocí el argumento: un narrador que tiene por psicoanalista a un espejo, a cinco metros de su silla y gratis, es interrumpido por una voz. Se trata de la voz de «el psicoanalista de verdad», como él mismo lo llama, que aparece para decirle que por un psicoanálisis se debe pagar: «¿De dónde lo sacó a su comiquísimo psicoanalista de juguete? ¿De la galera de un mago? ¡Un psicoanalista sin diván ni biblioteca! Trabajando a domicilio y… ¡gratis!».

El narrador intuye que es por la infidencia de alguien que lo quiere, Juanita, que el «psicoanalista de verdad» se ha enterado de que, caminando sólo cinco metros, puede gozar de su reflejo, y gratis. «Como lo hace la vaca cuando se dirige al bebedero», agrega Juanita. «¿Por qué se hace tanto hincapié en la vaca?», pregunta otra voz. Para responder a esta pregunta primero debemos situar ciertas coordenadas del psicoanálisis que La consulta capta de modo ejemplar.

El cuento nos muestra que, más allá del reflejo, se ubica un resto no especularizable, la voz que, separada así de la imagen del cuerpo, retorna para exhortar al pago del precio por ser hablantes. La pregunta es: ¿quién nos deriva más allá del reflejo especular? El narrador lo intuye, se trata de Juanita, es ella quien lo traiciona derivando su demanda de reconocimiento más allá del espejo, hacia el psicoanalista que se presenta como una voz.

Esa voz fue articulada por Riestra, en su ponencia del III Congreso Internacional de la Lengua Española en Rosario: «El habla es pura entonación y sus registros son innumerables. Inevitablemente, el escritor que llamado por el habla la aborda, privilegia la audición». En aquella ponencia, Riestra situó al habla como soporte particular de la lengua, advirtiendo que, sin éste soporte, la lengua como universal es pura abstracción. Asimismo, indicó que, en estos tiempos de globalización, debe rechazarse el uso literario del castellano neutro, pues constituye una agresión al idioma, y a sus variantes.

Riestra sabía que para soportar el lazo con el semejante es necesario reservar respecto del lenguaje la íntima exterioridad del habla.

Con estas coordenadas, podemos ahora responder el por qué de la vaca. Eligió a la vaca porque es un rumiante. Como el escritor, que rumia la voz que retorna desde la íntima exterioridad del café, del libro, o del diván. Rumiar es articular ése retorno de la más cercana lejanía. Y en el cuento, es el narrador quién lo articula de este modo ante Juanita y el psicoanalista: «Yo también, como la vaca, rumio y rumio, Juanita. Rumio hechos, ideas, lenguaje, vidas. ¿La capta, señor mío?».

Jorge Riestra nos dejó en Febrero de 2016. En su obra aún se pueden captar sus preguntas, y su voz.

*Psicólogo. Psicoanalista.

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