Los conductores de Uber y taxis en Rosario enfrentan un alto desgaste vehicular y costos de reparación crecientes, en un contexto económico que dificulta el mantenimiento.
En Rosario, la presencia de Uber, aunque ilegal, es innegable y su uso se ha masificado, especialmente para viajes cortos a precios competitivos. Sin embargo, los conductores enfrentan una problemática creciente: el desgaste de los vehículos y los costos de reparación.
Según Salvador Lupo, presidente de la Asociación Talleres Reparaciones de Automotores y Afines de Rosario (Atrar), un auto de Uber o taxi recorre entre 60 y 70 mil kilómetros al año, frente a los 15 o 20 mil de un vehículo particular. Esto implica cambios de aceite cada mes y medio y frecuentes roturas del tren delantero.
Los gastos de mantenimiento son elevados: una revisión anual supera los 200 mil pesos, y repuestos como el sistema BCI pueden costar hasta 800 mil pesos. Tobías, un taxista que ahora trabaja principalmente con Uber, señaló que «meter el auto al mecánico hoy son mínimo 200 lucas» y que muchos conductores improvisados no consideran estos costos.
El contexto económico agrava la situación. Lupo indicó que la demanda de trabajo en talleres cayó entre un 15% y un 20%, ya que «la gente prioriza gastos como el inicio de clases y posterga la reparación». Además, el poder adquisitivo ha disminuido, lo que extiende los plazos para arreglos necesarios.
«Estamos con un serio problema económico porque no hay rentabilidad. La gente labura 12 o 15 horas por día, pero la actividad cayó», afirmó Lupo. Las calles deterioradas también aceleran el desgaste de los vehículos, según el representante de Atrar.
