Una semana después de los terremotos en la costa norte de Venezuela, los equipos de emergencia cambiaron su objetivo de buscar sobrevivientes a recuperar cuerpos. El saldo oficial es de 2.295 muertos y unos 50.000 desaparecidos, según Naciones Unidas.
Una semana después de los terremotos que afectaron la costa norte de Venezuela, la prioridad de los equipos de emergencia pasó de la búsqueda de sobrevivientes a la recuperación de cuerpos. El saldo oficial, según estimaciones de Naciones Unidas, es de 2.295 muertos y alrededor de 50.000 desaparecidos.
En las zonas más afectadas del estado La Guaira, a unos 40 kilómetros de Caracas, los trabajos cambiaron drásticamente. Durante los primeros días se buscaba localizar personas con vida; ahora, las fachadas de los edificios destruidos muestran marcas con la letra “D”, inicial de “dead” (muerto), que indica que el inmueble fue inspeccionado y no se espera encontrar sobrevivientes bajo los escombros.
“La gran mayoría” de las edificaciones colapsadas ya fueron marcadas con esa letra, explicó Javier Rodes, coordinador de un equipo español de rescate. “No se pierde el tiempo en un lugar donde no se espera recuperar personas con vida”, sostuvo. El operativo internacional movilizó a más de 2.000 rescatistas, cerca de 160 perros especializados y delegaciones de 27 países.
En algunos edificios, tras la inspección, las autoridades agregaron una “X” y la palabra “demoler”, señal de que las estructuras deben ser derribadas por riesgo de nuevos derrumbes.
Decenas de familias se resisten a abandonar los lugares donde desaparecieron sus allegados. “Nos gustaría tener el cuerpo de nuestros familiares y darle un entierro digno”, dijo Helén Guedez, quien continúa removiendo escombros donde vivían su padre, su hermana y su abuela. El edificio donde residían ya fue marcado con la letra D. Gabriela Pérez busca a sus cuatro hijos y a su madre entre los restos de cuatro edificios derrumbados en Caraballeda. “Aquí no salen ni vivos ni muertos”, protestó José Rafael Cumare, cuyo hijo permanece desaparecido. “Que los saquen para siquiera tener sus cuerpos”, reclamó Gladys Barrios, de 76 años.
En uno de los operativos más recientes, rescatistas estadounidenses trabajaron durante seis horas en un edificio del complejo Aguja Azul, en Catia La Mar. Con cámaras de visión de 360 grados, equipos acústicos y perros entrenados detectaron inicialmente un leve sonido semejante a golpes sobre una tubería, pero luego el silencio fue absoluto. “Si no tenemos una señal de que la persona siga con vida, no podemos continuar”, explicó una socorrista al comunicar la decisión de abandonar el operativo.
El único rescate de las últimas horas fue el de un niño de tres años hallado con vida por un equipo jordano.
Según las autoridades, el día de los sismos había unas 30.000 personas en La Guaira; 6.461 fueron rescatadas y más de 13.000 lograron salir por sus propios medios o con ayuda de vecinos. Del resto no existe información oficial. La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, decretó siete días de duelo nacional y afirmó que “Venezuela tiene el alma rasgada por las pérdidas humanas causadas por los devastadores terremotos”.
Con las tareas de rescate prácticamente concluidas, la crisis humanitaria ocupa el centro de la escena. Miles de personas permanecen alojadas en estacionamientos, canchas deportivas y campamentos improvisados, muchas sin acceso regular a agua potable, alimentos o refugio. “El sol nos está quemando, la mayoría no tiene carpas”, contó Fátima Berroterán, vecina de un edificio severamente dañado. También señaló la falta de medicamentos y la presencia de numerosas personas con discapacidad entre los damnificados.
El gobierno habla de unos 16.000 afectados directos, aunque la ONU estima que la cifra podría alcanzar los siete millones de personas con distintos niveles de impacto. El Programa Mundial de Alimentos solicitó 50 millones de dólares para asistir durante tres meses a unas 500.000 personas, mientras el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados advirtió que la ayuda resulta insuficiente y que comienzan a surgir tensiones por el acceso a los recursos. La Organización Mundial de la Salud alertó sobre la posibilidad de brotes de enfermedades infecciosas debido al colapso de los servicios de salud, la falta de agua segura y las dificultades para mantener campañas de vacunación.
Las imágenes satelitales de la NASA estiman que unos 58.000 edificios resultaron dañados o destruidos por los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 registrados el 24 de junio. La ONU calcula pérdidas económicas por unos 6.700 millones de dólares, equivalentes al 6% del producto interno bruto venezolano.
