La relación entre Argentina y Cabo Verde se remonta a siglos de migración y comercio, con una presencia significativa de caboverdianos en el país. La historiadora Magdalena Candioti detalla estos lazos.
Los botines con los que Lionel Messi juega en el Mundial de Catar 2022, llamados “El último tango”, fueron bendecidos en la Basílica de Luján, lugar donde el caboverdiano “Negro” Manuel custodió la imagen de la Virgen. Del otro lado, el arquero de Cabo Verde, Vozinha, utiliza los botines “Mendoza”, fabricados por una empresa estadounidense fundada por un hijo de argentinos.
Según la historiadora Magdalena Candioti, doctora y magister en Historia, docente en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad Nacional del Litoral (FHUC-UNL) e investigadora del Conicet, “los africanos y afrodescendientes forman parte del guión principal de la película de nuestra historia, tenemos que dejar de pensarlos como un spin off del relato oficial”.
Las islas de Cabo Verde fueron colonia de Portugal desde el siglo XVI hasta su independencia en 1975. Candioti explicó que “funcionaron históricamente como un nodo logístico clave para el tráfico de personas esclavizadas hacia América”. Entre la creación del virreinato del Río de la Plata y 1812, ingresaron alrededor de 2.000 africanos por año por los puertos de Buenos Aires y Montevideo.
“Antes de que se establecieran los portugueses, la sociedad caboverdiana no tenía habitantes originarios”, afirmó Candioti. La población se conformó a partir de esclavos, deportados, presos políticos, comerciantes y organizadores del tráfico esclavista.
A fines del siglo XIX, dificultades económicas y conflictos sociales impulsaron a parte de la comunidad de Cabo Verde a emigrar voluntariamente. “Entre otros destinos, eligieron la Argentina, donde se quedaron cerca de los puertos por la experiencia marinera que traían”, señaló Candioti. Se concentraron en Ensenada, Dock Sud y Mar del Plata.
La docente indicó que cuantificar el flujo migratorio es complejo porque hasta la década de 1960 los caboverdianos llegaban con pasaporte portugués. Según investigaciones de Marta Maffia, entre 8.000 y 12.000 caboverdianos ingresaron en ese período, y hoy sus descendientes en Argentina rondan los 30.000.
Sobre la falta de representación de africanos y afrodescendientes en la selección argentina, Candioti sostuvo que “las oportunidades no son igualitarias”. “La inserción laboral suele estar fuertemente precarizada, por lo que la mayoría tiene como única opción la venta ambulante”, manifestó. No obstante, mencionó que existen casos aislados de jóvenes de origen africano formándose en divisiones inferiores de clubes, y que “por las dimensiones de la diáspora reciente, no me extrañaría que en el futuro podamos tener jugadores afrodescendientes en la selección”.
