La empresa familiar Fotolandia, con presencia en Rosario desde los años 70, adaptó su modelo de negocio a la era digital y hoy combina la impresión instantánea con la demanda de cámaras analógicas y digitales entre los más jóvenes.
Cristian Carr ingresó a los 18 años a la empresa familiar Fotolandia, fundada por su padre, Patricio Carr, a mediados de los años 70 en la Galería Libertad de Rosario. Patricio comenzó como ayudante de vendedor en Fotorama y luego, con un crédito bancario otorgado por confianza, abrió su propio local.
Durante las décadas de los 90 y principios de los 2000, la firma llegó a procesar 400 rollos de revelado por día en un solo local. Con la digitalización, el mercado cambió y la empresa incorporó equipos digitales de revelado en 2001. Según Cristian Carr, la baja en la impresión de fotos comenzó alrededor de 2010 y se estabilizó después de 2015, con un núcleo de clientes fieles.
Actualmente, el principal ingreso proviene de la impresión instantánea de fotos en formatos de 10×15 y 13×18, así como de fotolibros y álbumes de viajes. También se registra un aumento en la demanda de cámaras digitales pequeñas y equipos Fuji Film tipo Polaroid, cuyo costo ronda los $250 mil por cámara y $28 mil por cartucho de 10 fotos.
Entre los jóvenes, se observa un retorno a la impresión por rollo, aunque muchos optan por digitalizar las imágenes para usarlas en redes sociales. La empresa mantiene su enfoque en la atención al cliente, un diferencial que Patricio Carr estableció al aprender manuales de equipos para asesorar a los compradores.
Fotolandia es una empresa familiar: Patricio Carr y su hermano Guillermo trabajaron juntos hasta su jubilación. Cristian Carr señaló que su padre aún asiste al local para reparar equipos de laboratorio, y lo apodan McGyver por su habilidad para arreglar cualquier dispositivo.
