La exjugadora de hockey, emblema de las Leonas, fue la encargada de encender la llama en la ceremonia inaugural en el Monumento Nacional a la Bandera. En diálogo con LA NACION, describió sus sensaciones y recorrió la Villa Suramericana junto a otros atletas.
ROSARIO.- Entre las personalidades del deporte que participan de los Juegos Suramericanos 2026, Luciana Aymar fue la protagonista del momento central de la ceremonia inaugural: el encendido del pebetero en el Monumento Nacional a la Bandera. La exjugadora de hockey, emblema de las Leonas, describió sus sensaciones en diálogo con LA NACION: “Todo era una fiesta y de repente… La llama y el silencio. Fue impactante”, declaró. Y agregó: “Esto me hace acordar a mis inicios con las Leonas, me remueve un montón”.
Sobre la ceremonia, relató: “La verdad es que estaba nerviosa, era todo energía, una fiesta y de repente, la llama olímpica y el silencio. Fue impactante ese contraste”. A los 49 años y a más de una década de su retiro, Aymar sostuvo que ese momento no es similar a ningún otro de su carrera. “Me superemocioné, y ahí me salió eso de tocarme el corazón. Ese silencio ante 300 mil personas… Era el momento más importante para todos esos atletas que se entrenaron tanto para estar acá. Me llené de orgullo. Fue emocionante”, contó. “Uno siempre está esperando que se prenda el pebetero, ahí arranca todo, ahí arrancan esos sueños”, sumó.
Luego, recorrió la Villa Suramericana junto a otros atletas, acompañada por el exgarrochista Germán Chiaraviglio, y conversó con los deportistas presentes. “Estoy disfrutando muchísimo. Le dije a Ger que le super agradezco. Una se desacostumbra de todo esto, yo me retiré hace 12 años del alto rendimiento y fue como volver a traer un montón de recuerdos. Estuvo muy lindo hablar con los atletas y poder contarles un poco de mi experiencia”, afirmó.
Consultada sobre su participación en Juegos Suramericanos, Aymar recordó: “Cuando nosotras jugábamos nadie se enteraba que estábamos en un Odesur. No es la fiesta que es ahora”. Señaló que nunca disputó estos Juegos porque el hockey se incorporó al programa en 2006, cuando ella y las Leonas ya eran medallistas olímpicas y campeonas mundiales. “Esto me hace acordar mucho a mi primera etapa en las Leonas, a Sydney 2000, a mi primer Panamericano Junior, me remueve un montón”.
“Esto es hermoso. A los chicos en la Villa les contaba un poco mi experiencia, que más que nada es de Juegos Panamericanos y Olímpicos. Tener la posibilidad de tener esto en tu país, con toda la estructura que crearon, con esa Villa que parece una Villa Olímpica, es hermoso y lo tienen que disfrutar. Tienen que aprovechar el cariño de la gente. Porque la gente está yendo a ver muchas actividades y esto es parte de un proceso olímpico”, expresó.
Sobre la influencia del público local, remarcó: “Yo siempre digo que nosotras ganamos un Mundial porque teníamos un excelente equipo, pero también la cuota de la gente, del público, hizo que Argentina ganara”. Y reconstruyó: “Tengo el recuerdo del primer partido internacional que jugamos acá, que lo organizaron mi papá y un par de dirigentes, nosotras estábamos acostumbradas a que no nos vaya a ver nadie. Fue contra Sudáfrica y lo redisfrutamos. En 2004 jugamos el Champions Trophy y la gente se metía en la cancha después de los partidos. Estuvo alucinante. Y en el 2010 el Mundial… Pero para llegar al Mundial se necesitó de esos inicios”.
Finalmente, valoró vivir estos Juegos junto a su familia, su esposo Fernando González y sus hijos Félix y Lupe. “Con Fer somos de la idea de acercarlos a todos los eventos deportivos que tengamos porque es una manera de contarles lo que nosotros vivimos y cómo lo vivimos. Los dos sabemos que el deporte te inculca un montón de valores con los que hoy vivimos, esos valores están en nuestra. Así que cuando tenemos la oportunidad nos metemos. Y metemos a los niños”, cerró.
