Ariana Harwicz: «Me castigan por ser la mala judía»

La escritora argentina Ariana Harwicz habló este sábado con Jorge Fernández Díaz en Radio Mitre sobre su desinvitación del festival literario de la Universidad de Granada. Afirmó que la cancelación se debe a su posición proisraelí y a su condición de judía.

La escritora argentina Ariana Harwicz habló este sábado con Jorge Fernández Díaz en el programa Pensándolo bien, que se emite por Radio Mitre, sobre su desinvitación del festival literario de la Universidad de Granada (España). El motivo, según relató, fue su oposición a un boicot cultural contra Israel.

Fernández Díaz presentó a Harwicz como parte de «la constelación de grandes escritoras argentinas que tienen un prestigio impresionante, que tienen lectores en todo el mundo». Luego calificó los hechos como «muy graves» y resumió: «Se dividieron las aguas: por un lado, salieron a apoyarla Fernando Savater, Margo Glantz, María Negroni, Santiago Roncagliolo. Y hay otros que siguen intentando, de alguna manera, justificar esa cancelación: han escrito una ‘contracarta’ algunas personas como Lucrecia Martel y Camila Sosa Villada».

Harwicz contó que fue invitada por las catedráticas Ana Gallego Cuiñas y Patricia Escalona Ruiz. «Yo tenía que presentar la película Die, my love en una cinemateca pública de Copenhague. Algo muy interesante y rico para mí, con una cultura como la nórdica. Dije que no para ir a Granada. Fue kamikaze de mi parte, pero uno siempre se analiza después», detalló. «Era un festival literario con intenciones literarias y me insistieron mucho las catedráticas para que fuera. Dije que sí. Hago todo rápido: la biografía, los pasajes, la logística, la fotito, firmado el contrato».

La escritora relató la secuencia de la desinvitación: «Primero me dijeron que no podía participar del club de lectura porque a un grupo de estudiantes mis libros les encantaban, pero como persona no. Y no querían hablar conmigo. Yo dije de ir igual. Ellas me dijeron: ‘nosotras te sostenemos, tenemos el afiche empapelando Granada'». Luego le advirtieron que podría haber «una manifestación» en su contra. Harwicz replicó: «Me la banco».

«Me dijeron tres días antes ‘te tenemos que desprogramar’. El mail comienza con ‘Querida Ariana, usted sabe cuánto la admiramos’. Me parece significativo porque no empieza diciendo que finalmente se dieron cuenta de que soy una novelista menor y desprecio la literatura. Me tienen que desprogramar porque la red de estudiantes por Palestina no está de acuerdo con mi programación. Y ese fue el comienzo de este derrotero», continuó.

Según Harwicz, las organizadoras le dijeron: «No podemos hacer nada, te pedimos disculpas, no podemos asegurar que pueda estar a salvo mi integridad física». Y agregó: «Me dijeron off the record que se habían quedado sin presupuesto para la policía, para los autores que tenían que tener policía que son los que piensan distinto». La escritora dijo que ya había vivido una situación similar en la Feria del Libro de Madrid. «No puede ser que una autora judía o no judía que piensa distinto a otras tenga que estar angustiada porque viene alguien, te señala y te baja. No funciona así; está mal. Yo les dije: ‘¿No me habían dicho que me iban a sostener? ¿No pueden tener un poco de coraje político? Si ustedes me programan porque creen en mi literatura, sosténganme y que esa minoría pueda ser tolerante con lo disidente'».

Consultada por Fernández Díaz sobre si se la castiga por tener una posición proisraelí o por su condición de judía, Harwicz respondió: «Primero, lo que quisiera decir o tratar de escribir y seguir pensando, que es lo único que importa -ni la denuncia, ni twitter, ni el escándalo, ni la lista de un lado u otro-. Lo que importa es seguir pensando, como dijeron muchos intelectuales argentinos, que están en contra de la censura. Esta gente renuncia a ser intelectual o a ser escritora, que es lo mismo».

«La estrategia discursiva de este siglo es decir que yo soy progenocidio, que es un tema larguísimo que no podemos desarrollar ahora. La estrategia para cancelar, mandar a la muerte social, a una tenista, cantante lírica, nadadora, jugadora de pádel o escritora judía, es esa. Porque si dicen ‘por judíos’ no es legal ni constitucional. Diciendo por sionista, que está demonizado por proIsrael, tiene el aval moral, la moralina, de todos. Yo en el fondo creo que es porque ser judía. Y cuando alguien me contesta ‘pero en el festival había otros judíos’, ya me parece bastante peligroso que empecemos a mirar quién es judío y quién no. Y yo diría: me castigan por ser la mala judía. ¿Por qué ellos tienen que ver quién es judío bueno y malo? Fui la única del festival que le miraron todos los artículos a ver si me dejaban pasar o no. A los demás libertad total para llevar un pañuelo, que me parece bien, pero por qué a unos… Sino que pongan check point en los festivales para hacer interrogatorios», agregó.

«Lo que yo quiero es defender la libertad. Cualquiera que estudia lo sabe: el primer sometimiento al que debe resistirse un escritor (porque yo no soy dentista, ingeniera y no me dedico a cortar el pasto) es no someterse a la lengua que le imponen. Ni los dictadores, ni los nazis, ni pro esto, ni de izquierda ni de derecha. Nadie. Yo no acepto esta categoría de progenocidio. Ellos lo dicen. Y es la estrategia para echarte de cualquier lado, lo han hecho en los teatros más importantes. Bajaron músicos de orquesta, cantantes líricas, bailarines. Todos los días hay chicas y chicos judíos, o no, pero que tienen posturas distintas, que fueron expulsados de universidades. Yo decidí hablar esta vez y fue duro, hostil, y me atacaron seis compañeras contra uno. Eso fue lo más doloroso, más que lo de la red Palestina: cuando me enteré que firmaron una carta seis escritoras pidiendo mi cabeza a las autoridades. Algunas compatriotas argentinas, con las que tenemos amigas en común, como Rita Segato y otras. Ahí me deprimí más. Lucrecia Martel, que fui a ver todas sus películas, cuando era estudiante de cine con orgullo yo daba sus películas y analizaba la gramática. Y que una compañera con amigas en común, compatriota, feminista como yo, cada una a su manera, pida mi cabeza… llegamos a un lugar de la cultura oscurísimo», concluyó.

Fernández Díaz remató: «Me parece una moda siniestra».

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