El economista Esteban Domecq presentó un análisis comparativo de la economía argentina con las de Australia, Chile y Brasil durante el 62° Coloquio de IDEA en Mar del Plata, donde sostuvo que la inestabilidad es el principal obstáculo para la competitividad del país.
El economista Esteban Domecq, presidente de Invecq Consultora Económica y docente de la UCEMA, disertó en el 62° Coloquio de IDEA realizado en Mar del Plata con la presentación titulada «De promesa a potencia: las claves para la competitividad». En su exposición, comparó el desempeño económico de Argentina con el de Australia, Chile y Brasil, y afirmó que «el principal detractor de la competitividad argentina es la inestabilidad».
Domecq señaló que, en 45 años, Australia creció 272% y su PBI per cápita se expandió 100%; Chile creció 444% con una tasa anual de 3,9%; Brasil creció 165% y su PBI per cápita ajustado aumentó 51%, con una tasa promedio de 2,2% y 9 años recesivos. En contraste, Argentina creció 106% y su PBI per cápita ajustado lo hizo en 26%, con 20 años recesivos. «No hay vuelta atrás porque no hay nada para ir a buscar», declaró.
El economista destacó la correlación entre inversión y crecimiento sostenido. Indicó que en Australia y Chile la inversión representa el 24% del PBI, impulsada por sectores externos integrados, y que las exportaciones chilenas equivalen al 34% de su producto. En Argentina, en cambio, las exportaciones representan solo el 15% del PBI, con exportaciones promedio de US$ 1.500 por persona al año, frente a US$ 6.000 per cápita en Chile.
Domecq también se refirió a la estructura de ingresos y gastos: Argentina destina el 86% de lo que produce al consumo, superando a Chile (71%), Australia (75%) y Brasil (82%). «Argentina consume mucho, la tasa de ahorro está por debajo de los 14 puntos del producto; como ahorra poco, invierte poco y cuando quiere invertir, obviamente es difícil sostener esa dinámica y como invierte poco, la economía crece poco. Y como crece poco la economía, ¿qué va a pasar con el consumo? Va a crecer poco también», explicó.
El disertante mencionó que, según el informe global del Institute for Management Development (IMD), Argentina escaló ocho posiciones en el ranking mundial de competitividad, del puesto 66 al 58 entre 70 países evaluados. No obstante, precisó que el país sigue en la zona baja de la tabla junto a Brasil (puesto 65), lejos de Chile (puesto 53) y Australia (puesto 17).
En el análisis por bloques del índice IMD, Domecq detalló que el entorno macroeconómico mostró una mejora impulsada por la estabilización, la desaceleración de la inflación y la incipiente recuperación cíclica, aunque en comercio internacional el país permanece en el puesto 62. En eficiencia en deuda, Argentina se sitúa en el puesto 65 de 70; si bien se valoró el equilibrio fiscal y la baja en la presión tributaria agregada, la presión efectiva sobre el sector formal alcanza entre el 44% y 45% del PBI al corregir por el 40% de informalidad. Agregó que los impuestos distorsivos (como el impuesto al cheque, ingresos brutos y retenciones) cuadruplican el promedio de la región y decuplican el de la OCDE.
Domecq mencionó como aspecto positivo el desarrollo de Vaca Muerta, que permitió revertir un déficit energético de US$ 10.000 millones en 2013 para alcanzar un superávit estimado en US$ 13.000 millones para este año. Sin embargo, señaló que persisten cuellos de botella en costos logísticos, deterioro vial, menor gasto en obra pública (por debajo del 2% del PBI) y caída en la calidad educativa. En eficiencia empresarial, Argentina ocupa el puesto 55, donde se reconoce el impacto positivo de la reforma laboral y la recomposición de ingresos en dólares, pero persisten desafíos en productividad, escala corporativa reducida y altos costos financieros.
En el tramo final de su exposición, Domecq abordó la transformación de la matriz productiva. Remarcó que en las economías desarrolladas los sectores primarios representan en promedio el 13,8% del producto y la industria junto a la construcción explican el 19%, mientras que los servicios concentran más del 65% de la actividad económica y más del 70% del empleo. En ese marco, sostuvo que sectores como el agro, la minería y los hidrocarburos no deben ser vistos como los únicos generadores de empleo masivo, sino como los motores indispensables para proveer las divisas que requiere la macroeconomía para sostener la estabilidad.
Finalmente, el especialista concluyó que la agenda de competitividad futura exige profundizar el proceso de estabilización macroeconómica, encarar reformas tributarias profundas, mejorar la infraestructura logística y afianzar las instituciones para garantizar un ciclo de crecimiento virtuoso y duradero.
