La escritora francesa, nacida en 1903, dejó una frase que condensa su visión sobre el deseo y la importancia de los sentimientos en la experiencia erótica. La afirmación surgió de su trabajo en relatos eróticos por encargo en la década de 1940.
Anaïs Nin nació el 21 de febrero de 1903 en Neuilly, cerca de París, en una familia de artistas. Su padre, Joaquín Nin, era pianista y compositor cubano; su madre, Rosa Culmell, cantante de formación clásica. Cuando tenía once años, tras el abandono de su padre, se trasladó a Nueva York y comenzó a escribir un diario que mantendría durante gran parte de su vida.
En la década de 1940, Nin escribió relatos eróticos para un coleccionista que pagaba un dólar por página y exigía sexo explícito, sin sentimientos ni poesía. Esa consigna la llevó a reflexionar sobre la naturaleza del erotismo y la expresión del deseo femenino. En una carta al coleccionista, cuestionó su visión mecánica del sexo y defendió la importancia de los sentimientos, los sentidos y la imaginación. En ese contexto escribió: “Solo el latido conjunto del sexo y del corazón puede crear el éxtasis”.
En el París de los años treinta, Nin frecuentó círculos intelectuales y artísticos de vanguardia. Su relación con el escritor estadounidense Henry Miller, iniciada en 1932, quedó reflejada en sus diarios y en una correspondencia. Casada con el banquero y artista Hugh Parker Guiler, mantuvo una vida sentimental compleja.
Entre sus obras más conocidas figuran La casa del incesto, Una espía en la casa del amor, Henry and June y Delta de Venus. A partir de 1966, con la publicación de sus diarios, alcanzó reconocimiento internacional. Su exploración de la sexualidad femenina la convirtió en una figura de referencia durante los años de la revolución sexual.
En 1977, año de su muerte, se publicó Delta de Venus, que reunió aquellos relatos escritos décadas antes. En la introducción, Nin reconoció que había comenzado intuitivamente a encontrar una voz propia para representar la sensualidad femenina.
