Unas 150 mil personas marcharon en Rosario para decir «Nunca más»

“Vinimos como todos los años porque hay que renovar la memoria, sobre todo en estos tiempos donde el negacionismo se expande cada vez más. Tenemos que estar siempre acá”, dijo Silvia, una mujer de 73 años, a minutos de comenzar a marchar por memoria, verdad y justicia. Como ella, unas 150 mil personas (según calcularon autoridades locales) volvieron a salir a las calles de Rosario a 50 años del golpe de Estado cívico-militar de 1976 para gritar “Nunca más», en una de las movilizaciones más convocantes desde el regreso de la democracia.

Como cada 24 de marzo, la fecha convocó a una multitud que se unió para defender la memoria. Pero, esta vez, el medio siglo del último golpe se hizo sentir en cada tramo de la marcha: en los carteles, en los cánticos y en las conversaciones entre quienes caminaron, nuevamente, para que la historia no se repita.

Ahora bien, en Rosario y en la provincia de Santa Fe la conmemoración no se limitó a la movilización. Durante toda la semana se desarrollaron actividades culturales, artísticas y académicas vinculadas a la memoria: peñas, conversatorios, obras teatrales, muestras en el Museo de la Memoria, recitales y la tradicional vigilia, que fueron preparando el clima para el 24.

La convocatoria para la marcha estaba prevista, para las 15, en la plaza San Martín, con inicio una hora más tarde. Desde temprano, con el sol radiante de la tarde acompañando, comenzaron a llegar las primeras columnas: agrupaciones políticas, sindicales, espacios estudiantiles, organismos de derechos humanos y referentes históricos se concentraron en el punto de encuentro antes de avanzar hacia el Parque Nacional a la Bandera.

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El recorrido comenzó por Dorrego, continuó por San Lorenzo hasta Laprida y, desde allí, hacia Córdoba. A la cabeza, las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo marcaron el ritmo de la marcha hasta desembocar en el escenario montado en el parque, donde se realizó el acto central, con un cierre musical protagonizado por artistas rosarinos.

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Foto: La Capital / Virginia Benedetto.

Entre bombos, cánticos y pañuelos blancos, la movilización también dejó ver el clima político actual. “Este tema es terriblemente doloroso por la herida que abrió en la Argentina. Además, nos tiene que servir para estar alerta cuando aparezca cualquier gobierno para rifar nuestro país, como está ocurriendo en este momento. Por eso estamos acá”, dijo Susana, una mujer de 80 años.

En esta oportunidad, la calle volvió a reunir a quienes sostienen la memoria frente a discursos que niegan o relativizan las atrocidades cometidas durante la última dictadura. El reclamo contra el gobierno de Javier Milei apareció en carteles, consignas y conversaciones a lo largo del recorrido, reforzando la necesidad de no olvidar y de seguir sosteniendo, medio siglo después, la memoria, la verdad y la justicia. «Contra los fascistas de ayer de y de hoy”, “resistir ahora y siempre”, “cuando la quieren enterrar la memoria se planta”, versaban algunas de las pancartas que aparecieron en la marcha.

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A 50 años del golpe: la memoria se reúne en la plaza

En la plaza San Martín, antes que las primeras columnas comenzaran a avanzar, los minutos se llenaron de pequeñas escenas: rondas de mates en las veredas, grupos de amigos y familias sentados en lonas y gente que iba y venía.

A un costado, una larga fila esperaba en el puesto de la Isla de los Inventos que convocaba a personalizar pañuelos. Desde la Biblioteca Popular Pocho Lepratti también estamparon remeras, que quedaban extendidas unos minutos sobre la estructura alrededor de la estatua de San Martín para secarse. En el suelo, manos que pintaban pañuelos blancos volvían a aparecer una y otra vez, dejando una huella antes que la movilización comenzara.

Ya desde la concentración se hacía visible la magnitud y la diversidad de la convocatoria. La movilización volvió a reunir a personas de distintas generaciones: madres con cochecitos, abuelas en sillas de ruedas y los más chicos en los hombros de sus padres y madres ocupaban cada rincón.

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Foto: La Capital / Virginia Benedetto.

“En lo personal, reivindico la memoria de las Abuelas. Memoria, verdad y justicia, no venganza”, señaló Mónica, de 61 años. Llegó a la marcha junto a su amiga, con quien días antes se había reunido para bordar sus pañuelos. “Con nuestras prolijidades y con la consigna ‘florecerán pañuelos’ los hicimos mientras tomamos mates y hablamos del tema. Somos amigas del amor de añares, estamos en todas las reivindicaciones”, agregó Silvia a su lado.

Eugenia, una joven militante de 24 años, también llegó rodeada de sus amigos y compañeros. “Muchos de los desaparecidos eran estudiantes y trabajadores, como nuestros viejos y como nosotros. Por eso venimos a levantar las banderas y a pelear por una Argentina más justa, más libre y más soberana”, resaltó mientras comentaba que una amiga había llorando de emoción en el colectivo al ver la gente con sus pañuelos blancos en la cabeza.

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En paralelo, Ulises, de 23, años mostraba una foto junto al mismo grupo de amigos con el que marcha desde que tiene 14 años. “Vengo desde que soy pibe porque es una bandera que siempre, tanto yo como todas las personas que respeto, levantan. Más en este contexto, donde me parece importante estar acá, no solo por la tolerancia a los discursos negacionistas sino porque además hay muchos que los reivindican”, dijo.

En el marco de los 50 años del golpe, la marcha se convirtió en el cauce de distintas demandas: desde el rechazo a los discursos negacionistas del gobierno nacional hasta cuestionamientos por la situación económica, la avanzada de la derecha, la desigualdad y la reforma laboral.

“Estamos en un estado de ahogamiento muy grande, donde todos los días nos encontramos con cosas perversas, desiguales y violentas. Las vemos, las sentimos y las vivimos en lo económico y en lo territorial. El 24 de marzo encauza algo más de identidad y de resguardo”, dijo Ignacio, un joven de 32 años, mientras compartía unos mates con sus amigos.

“Somos jubiladas y nos interesa el tema de la educación, por eso venimos apoyando a la universidad también”, sumó Graciela, quien reveló que tanto su hermana como su cuñada desaparecieron en el último golpe de Estado.

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Memoria viva: entre la lucha, el abrazo y el encuentro

Además de los reclamos y las reivindicaciones que atravesaron la jornada, si hay algo que caracteriza a las marchas del 24 de marzo es la forma en que la memoria se canaliza en el encuentro. Una manera de renovarla donde la lucha convive con lo festivo: en los cantos, en los colores, en los pañuelos pintados y en el compartir en la calle.

“Es lindo porque es emotivo, pero también es alegre”, comentó Ignacio. “Me parece que es lindo encontrar modos de narrar la memoria y una historia tan dura donde mucha gente dejó la vida desde la alegría. Eso también dice mucho de nosotros. Nos gusta encontrarnos, compartir, tratar de ser felices incluso en estas circunstancias. Hay algo muy liberador en eso”. En ese sentido, reflexionó: «Creo que tenemos que encontrar nuevos modos de contarlo colectivamente hacia todos aquellos que se sienten más interpelados por un discurso negacionista y neoliberal».

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Foto: La Capital / Virginia Benedetto.

Ya para las 17, las primeras columnas comenzaban a llegar al Monumento, tras pasar por la Plaza 25 de Mayo, donde en una postal digna de fotografías se habían colgado decenas de pañuelos blancos y la música empezaba a hacerse oír. En medio de la marcha, algunos se encontraban: “Eh, ¿cómo andás tanto tiempo?”, “Somos la resiliencia”, se decían al cruzarse, entre abrazos y sonrisas.

En la punta del Monumento, frente al río Paraná, una murga de hombres y mujeres vestidos de blanco recibía a quienes iban llegando. Celulares en alto registraban la escena, que hacía que muchos se detuvieran a mirar y a balancearse al ritmo de la música.

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El acto central: reclamos, definiciones y un mensaje colectivo

Cerca de las 19, una gran multitud ya había llegado al Parque Nacional a la Bandera, donde estaba montado el escenario para el acto central. «¿Cómo un niño puede ser tu enemigo?”, se leía en una pancarta colgada a un costado. Desde ese punto, la magnitud de la convocatoria se hizo evidente: mientras algunos ya ocupaban el espacio frente al río, las banderas en alto no paraban de llegar y otras columnas recién partían desde la plaza San Martín.

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Foto: La Capital / Virginia Benedetto.

En el escenario principal se leyó el documento consensuado por los organismos de derechos humanos y las organizaciones convocantes, que reunió los principales reclamos de la jornada. Entre ellos: el pedido de juicio y castigo a los responsables del terrorismo de Estado y sus cómplices, cárcel común, perpetua y efectiva, el rechazo a toda medida que exima de responsabilidad penal a los genocidas y la exigencia de sentencia firme para los condenados por delitos de lesa humanidad.

Asimismo, se expresó un fuerte rechazo a las políticas del gobierno nacional, particularmente al decreto 941-2025 «que amplió las facultades de la Side para espiar, perseguir y detener ciudadanos arbitrariamente”. En ese sentido , también se objetó “todo acto de amedrentamiento, persecución y espionaje a organizaciones sindicales, sociales y populares”.

En el plano económico y laboral, se destacó el rechazo a la reforma laboral y al “Fondo de Asistencia Laboral, que liquida el derecho a jubilarse a miles de personas”. También se repudió el desfinanciamiento de las políticas de género efectuadas por el gobierno municipal, provincial y nacional, junto a cualquier intento de modificar la ley de educación nacional y la ley de ESI.

En materia de derechos humanos, se criticó «el desfinanciamiento y el desmantelamiento de los Centros de Memoria, de ministerios, secretarías y áreas que los resguardan”, junto a la “exigencia de la preservación y el cuidado de las pruebas materiales de los centros clandestinos de detención, tortura y exterminio”.

También se manifestó el rechazo a la “reforma de la ley de glaciares” y a la “inacción y el abandono del gobierno frente a los incendios de la Patagonia”. Finalmente se expresó el “repudio absoluto al intento de la gestión de Milei de involucrar al pueblo argentino en favor de las guerras imperialistas que lleva adelante EEUU, e incluso enviar tropas a Irán.”

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Cuando el acto llegó a su tramo final, muchos se quedaron frente al escenario para seguir compartiendo la jornada, entre canciones y artistas rosarinos que le pusieron música al cierre.

Otros empezaron a desconcentrarse lentamente, pero la jornada ya había quedado marcada: abuelos, jóvenes y chicos ocupando las calles de la ciudad, unidos en una misma lucha. A 50 años del golpe, volvieron a estar ahí, nombrando lo que ocurrió, para que no se repita, para no olvidar, para seguir renovando después de medio siglo la memoria, la verdad y la justicia.

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