El 28 de junio de 1966, un golpe de Estado derrocó al presidente Arturo Umberto Illia. A seis décadas del hecho, se recuerdan las características de su gestión y las consecuencias del quiebre institucional.
El 28 de junio de 1966, un golpe de Estado interrumpió el mandato del presidente Arturo Umberto Illia. Según registros históricos, Illia había asumido el 12 de octubre de 1963. Su gobierno se caracterizó por el respeto a las instituciones y la legalidad, sin recurrir a estados de excepción ni persecuciones políticas.
Entre las medidas de su gestión se destacan la anulación de contratos petroleros y políticas vinculadas al acceso a medicamentos. En el plano económico, según datos oficiales de la época, se registró crecimiento con estabilidad relativa, mejoras en la distribución del ingreso y control de la inflación y el endeudamiento externo. La inversión en educación y salud aumentó.
El contexto previo al golpe incluyó un clima de desgaste político y mediático. Medios de comunicación contribuyeron a una narrativa crítica sobre el gobierno, aunque Illia no recurrió a la descalificación pública ni condicionó líneas editoriales, según consta en registros periodísticos de la época.
El golpe de Estado de 1966 dio inicio a un período de inestabilidad institucional en Argentina. Sesenta años después, la figura de Illia es referida en debates sobre calidad institucional y ejercicio del poder.
