Un menor de 7 años de Michigan, que pesaba 116 kilogramos al momento de su muerte, fue hallado sin vida en noviembre pasado. La fiscalía presentó cargos contra sus padres por asesinato, tortura y abuso infantil.
Un niño de 7 años residente en el condado de Genesee, Michigan, falleció en noviembre pasado con un peso de 116 kilogramos. Sus padres, Damien O’Brien (40) y Jessica O’Brien (41), fueron acusados de asesinato en segundo grado, tortura y tres cargos de abuso infantil en segundo grado, según informó la fiscalía del condado.
El fiscal del condado de Genesee, David Leyton, declaró: “Está claro que los padres alimentaban al niño de manera inadecuada, por lo menos. No estaba recibiendo la nutrición que necesitaba”.
Los padres llamaron a los servicios de emergencia tras el deceso, pero no se pudo reanimar al menor. La pareja compareció ante el tribunal la semana pasada y permanece detenida sin derecho a fianza en la cárcel del condado de Genesee.
El niño medía 1,28 metros y fue clasificado como obeso según el informe del médico forense del condado de Genesee. La causa de muerte se registró como miocardiopatía dilatada, una condición en la que el corazón se agranda y debilita, y su peso figuró como condición contribuyente. Según las denuncias penales, los padres no llevaron al niño a recibir tratamiento médico, pese a que la familia contaba con cobertura sanitaria.
Leyton indicó que las autoridades creen que Casper tenía “una dieta constante de sándwiches”. El menor no hablaba, estaba postrado en cama, presentaba graves úlceras por presión y diversas erupciones cutáneas. El informe de la autopsia señala que las fuerzas del orden y los Servicios de Protección Infantil reportaron acumulación de basura en la vivienda y que el niño no estaba inscripto en la escuela.
Uno de los cargos de abuso infantil se relaciona con la hija de la pareja, de 5 años, quien fue puesta en un hogar de acogida. Según el informe de la autopsia, Casper fue atendido por última vez por un médico en febrero de 2024, cuando pesaba 47 kilogramos y se le diagnosticó tos, congestión y una enfermedad metabólica. En esa visita se entregó a la madre información sobre dieta saludable y ejercicio, y se derivó al menor a un endocrinólogo pediátrico, al que nunca asistió.
