Un informe de la Asociación de Psiquiatras de Argentina indica que entre el 30% y el 40% de la población padece o padecerá algún trastorno de ansiedad. El pico de incidencia se registra entre los 17 y 18 años, con impacto en la vida académica y social.
La ansiedad social se ubica como uno de los trastornos de salud mental más frecuentes en la población joven. Según datos relevados por la Asociación de Psiquiatras de Argentina (APSA), entre el 30% y el 40% de las personas presenta o presentará algún trastorno de ansiedad en algún momento de su vida. La cifra muestra un aumento respecto a los niveles previos a la pandemia de COVID-19.
El Dr. José Domínguez, médico psiquiatra, ex presidente de la Asociación de Psiquiatras de Santa Fe y actual presidente del Capítulo de Trastornos de Ansiedad de APSA, precisó en diálogo con El Litoral: “Con respecto a las cifras que hay, son de trastornos de ansiedad en general, con una cifra que va aumentando: entre un 30 y un 40% de la población que tiene algún trastorno de ansiedad. Es una cifra muy alta porque estamos hablando de tres a cuatro de cada diez personas”.
El especialista señaló que la prevalencia varía según la edad: “El trastorno de ansiedad social es el más frecuente en la adolescencia y principio de la edad adulta. Después, de los 30 años para arriba, ya predominan otros trastornos, como el trastorno de pánico o el trastorno de ansiedad generalizada”.
Límite entre timidez y patología
El Dr. Domínguez explicó que la diferencia entre un rasgo de personalidad y un cuadro que requiere atención médica se establece cuando los síntomas afectan la calidad de vida. “El límite entre lo normal y lo patológico está en el momento donde se empieza a afectar la calidad de vida de la persona por convivir con estos síntomas”, afirmó.
Entre las situaciones que generan mayor temor en quienes padecen ansiedad social, el psiquiatra enumeró: hablar en público, ser el centro de atención, interactuar con personas de autoridad, comer o beber en público y rendir exámenes.
Pico crítico en la transición a la universidad
Los estudios científicos ubican el pico de incidencia máxima entre los 17 y 18 años. Según el Dr. Domínguez, el inicio de la vida universitaria o laboral actúa como disparador: “Si bien algunos rasgos se empiezan a percibir en la adolescencia, la mayoría de los síntomas comienzan con el inicio de la vida universitaria, donde hay un grupo de gente distinto al que estaban acostumbrados a ver todos los días en la secundaria, hay lugares nuevos, rutinas nuevas y todo se exacerba”.
Consecuencias de la falta de tratamiento y uso de alcohol
Cuando el trastorno no se diagnostica ni se trata a tiempo, pueden aparecer consecuencias como dependencia financiera, fracaso académico o laboral, dificultades en vínculos familiares y desarrollo de patologías como la depresión.
El Dr. Domínguez advirtió sobre el uso de alcohol como mecanismo de afrontamiento: “Algunos descubren que el alcohol disminuye transitoriamente esa ansiedad. Ahí aparece el riesgo de usarlo como una especie de ‘ansiolítico social’: ‘si tomo, puedo hablar; si tomo, me animo; si tomo, dejo de pensar qué están pensando los demás de mí’. Con el tiempo, esa estrategia puede convertirse en un problema adicional y pasa de ser un ‘desinhibidor’ a ser una ‘comorbilidad’”.
Tratamientos disponibles
El especialista indicó que existen tratamientos eficaces para la ansiedad social. “Muchos jóvenes reconocen que algo les está pasando, consultan y reciben tratamiento. La ansiedad social es un trastorno para el cual tenemos tratamientos eficaces”, sostuvo.
Los abordajes incluyen terapia cognitivo conductual y, en algunos casos, fármacos antidepresivos. “Son fármacos muy seguros, eficaces y bien tolerados, pero que requieren un seguimiento médico durante meses”, aclaró el Dr. Domínguez.
