Rodrigo Pontiggia dejó su puesto en Benito Roggio Ambiental y, junto con Melisa Altina y Joaquín Guillot, creó CycleF, una empresa que invirtió más de US$100.000 en el desarrollo de un bioestimulante nanotecnológico para cultivos. La firma proyecta facturar US$900.000 en 2026 y reporta aumentos de rendimiento de hasta 10,3% en trigo y cebada, 8% en maíz y 5,3% en soja, según datos propios.
Rodrigo Pontiggia trabajó durante 16 años en el área de Desarrollo e Innovación de Benito Roggio Ambiental, la propietaria de Cliba. Es doctor en Química Biológica y su trayectoria estuvo vinculada con la investigación. Dejó esa posición para fundar CycleF, una startup que utiliza nanotecnología en la producción agropecuaria.
Junto con Melisa Altina y Joaquín Guillot, Pontiggia creó la empresa con una inversión inicial de más de US$100.000. La firma proyecta facturar más de US$900.000 en 2026. Al equipo se sumaron Alejandro Vollert y los ingenieros agrónomos Paula Fontana y Agustín Deffelipo, con el asesoramiento de Romina Giacometti, investigadora del Conicet, entre otros especialistas.
“Renunciamos a nuestro trabajo y montamos CycleF: una empresa basada en ciencia”, declaró Pontiggia, cofundador y director general, a LA NACION. El punto de partida fue detectar oportunidades para trabajar sobre la adaptación de los cultivos frente a situaciones de estrés y una utilización más eficiente de los recursos.
Pontiggia y Altina tenían experiencia en nanotecnología y biotecnología ambiental antes de aplicarla al agro. El primer producto de la línea nanotecnológica que la empresa llevó al mercado es un bioestimulante para mejorar la respuesta de los cultivos frente al estrés. Pontiggia lo comparó: “Es parecido a una vacuna: prepara al cultivo para poder recibir los vaivenes del clima y el estrés. Ya sea la sequía, la helada, la planta está mejor parada y preparada”.
El desarrollo incluyó pruebas en condiciones controladas, microparcelas y lotes. “Hicimos toda la parte de ensayos en cámara, teníamos convenio con la UBA, con FAUBA, y ahí hicimos los ensayos. Después los pasamos a microparcelas, a campo y a campos muy controlados estadísticamente, que los hacen terceros”, describió Pontiggia.
Los primeros ensayos comenzaron en 2024. Se realizaron evaluaciones en el sur bonaerense, la zona núcleo, Chaco, Córdoba, Entre Ríos y otros puntos productivos. También se hicieron pruebas a lote completo. La startup recurrió a terceros para parte de las evaluaciones.
Las pruebas abarcaron cultivos de invierno como trigo y cebada, y de verano como soja, maíz y girasol. También incluyeron naranjas en Entre Ríos. Según los datos suministrados por la empresa, los resultados acumulados muestran aumentos promedio de rendimiento del 10,3% en cultivos de cosecha fina, del 8% en maíz y del 5,3% en soja.
Parte de las evaluaciones se hizo sobre campañas complejas. La startup incluyó datos de la campaña 2022/23, cuando la producción nacional de referencia cayó en 20 millones de toneladas de soja, 11,5 millones de trigo y 36 millones de maíz, con caídas del 54,3%, 48% y 39%, respectivamente. También se analizaron soja y maíz de la campaña 2024/25, con producciones de 47,5 millones y 46 millones de toneladas y recortes de 5 millones y 6 millones de toneladas frente a las proyecciones iniciales, según la información utilizada por la compañía.
Pontiggia afirmó que “la respuesta puede ser mayor” cuando las condiciones ambientales son más adversas. “Incrementamos el rinde por más del 10%; en casos de clima extremo llegamos a tener hasta un 30%, 32% de aumento”, sostuvo. Son resultados informados por la propia startup y pueden variar según el cultivo, el ambiente y las condiciones de cada ensayo.
Investigaciones
La utilización de nanotecnología para mejorar la respuesta productiva de los cultivos no se limita a desarrollos privados. Investigaciones del INTA, el Conicet y la Universidad Nacional del Litoral (UNL) obtuvieron resultados a campo que muestran el potencial de trabajar a escala nanométrica en la agricultura.
En diciembre de 2025, el INTA difundió los resultados preliminares de tres ensayos realizados en Entre Ríos, en parcelas experimentales de media hectárea por sitio, con nanofertilizantes nitrogenados. En esas evaluaciones, los investigadores consiguieron reducir hasta un 35% la dosis de nitrógeno sin perder rendimiento. Además, al comparar a igual dosis los nanofertilizantes con fuentes convencionales de nitrógeno, registraron incrementos promedio del 10% en la productividad de trigo y maíz.
“En ensayos preliminares realizados en Entre Ríos hemos podido reducir un 35% la dosis de nitrógeno y mantener los rendimientos”, explicó Gonzalo Berhongaray, investigador de la UNL-Conicet e integrante del equipo que desarrolló el nanofertilizante. Los investigadores trabajan con partículas de escala nanométrica que permiten una liberación más gradual del nitrógeno, con el objetivo de aumentar el aprovechamiento del nutriente y disminuir las pérdidas.
Pontiggia señaló que otro atributo buscado es reducir el volumen necesario para los tratamientos. Según explicó, un litro alcanza para unas 40 hectáreas, mientras que otros productos pueden requerir entre dos y tres litros por hectárea, de acuerdo con su comparación.
La startup tiene unas 10.000 hectáreas aplicadas y el objetivo para el primer año es alcanzar 52.000 dosis. En paralelo, la tecnología pasó de producirse a escala de laboratorio a un proceso con el que pueden elaborar en una semana producto suficiente para cubrir entre 5000 y 6000 hectáreas.
“Somos una empresa chiquita que arrancó de cero. Poder cubrir otros cultivos es un tema de recursos y de tiempo. Toma años generar las pruebas”, dijo Pontiggia. Por esto, comenzaron concentrándose en cultivos extensivos y ahora buscan ampliar tanto las zonas como las especies sobre las que prueba su tecnología.
“No existen soluciones mágicas. En general, en el agro, todos los productos hay que probarlos a campo y se pasa por distintas instancias”, insistió. En el caso de los productos nanotecnológicos, señaló que el proceso incluye exigencias regulatorias ante el Senasa: deben presentar una carpeta técnica, acreditar que las partículas se encuentran efectivamente en escala nanométrica —entre 1 y 100 nanómetros—, declarar su composición química y aportar ensayos que demuestren el efecto informado para cada forma de uso, ya sea mediante aplicación foliar o tratamiento de semillas. “Tenés que presentar, para cada uso, evidencia y ensayos de que está el efecto que vos declarás”, cerró.
