La Universidad Nacional de La Plata y el Astillero Río Santiago trabajan desde 2024 en una impresora 3D que utiliza materiales nacionales para construir viviendas sociales. El proyecto busca reducir costos y tiempos de construcción.
La Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y el Astillero Río Santiago desarrollan desde 2024 una impresora 3D para la construcción de viviendas sociales con materiales de producción nacional. El Astillero, dependiente de la provincia de Buenos Aires, construyó la máquina, mientras que la Universidad aportó los materiales, según informó Daniel Tovio, secretario de Producción de la UNLP, en una entrevista con El Ciudadano.
El proyecto surgió en el marco de la mesa Argentina contra el Hambre, conformada durante la presidencia de Alberto Fernández, donde la UNLP desarrolló fábricas con objetivos sociales para la producción de alimentos. «Si fuimos por alimentos, ¿por qué no podemos ir por techo?», planteó Tovio. A partir de esa idea, la Universidad y el Astillero firmaron un acuerdo para adaptar una máquina de impresión 3D de gran escala, que el Astillero construía desde hacía años con otros fines.
La tecnología de construcción por adición, utilizada en el proyecto, ya se emplea en otros países. Tovio explicó que en Europa este tipo de construcción se destina a viviendas de alto poder adquisitivo, mientras que en Argentina el objetivo es atender el déficit habitacional. Los materiales importados representaban un costo elevado en euros, por lo que los investigadores de la facultad desarrollaron materiales locales que redujeron los costos. El único componente importado es la máquina que impulsa el material.
La impresora opera sobre rieles, tiene un ancho de casi 6 metros y un largo de 11 metros. Puede construir viviendas de hasta 6 metros de ancho y del largo que se requiera, con una superficie mínima de 60 metros cuadrados. El sistema reduce los pasos de construcción: las paredes se levantan en una sola pasada y los conductos de luz y agua quedan embutidos durante la impresión. Se estima que cada vivienda demandará unas 60 horas de impresión.
El proyecto involucra a ingenieros electrónicos, civiles, mecánicos y electromecánicos, además de arquitectos, docentes e investigadores. Tovio señaló que la máquina evita el desperdicio de materiales y que se analiza el comportamiento de los materiales para ajustar el proceso antes de la presentación pública. El objetivo es que las casas sean frescas en verano y cálidas en invierno.
Respecto al impacto en el empleo, Tovio sostuvo que el proyecto implicará una transferencia de mano de obra y que la Universidad puede capacitar a los operarios para las nuevas tareas. «Vamos a elevar el nivel de la mano de obra, porque tenés que tener gente más especializada», afirmó.
El proyecto toma como referencia un modelo en India, donde en octubre comenzó la construcción de viviendas sociales con impresoras 3D de hormigón, con un plazo de diez días por unidad. Tovio indicó que mantuvieron reuniones con funcionarios indios que prevén construir 177 viviendas en seis meses.
«Con una máquina haciendo una vivienda cada 60 horas no le movés la aguja al déficit habitacional. Todo este proyecto es para demostrar que tiene bajo costo y se puede hacer de esta manera, a ver quién lo toma», declaró Tovio. Y concluyó: «No nos podemos dejar convencer de que acá la cosa tiene que venir de afuera, hicimos todo nosotros y por eso estamos muy entusiasmados».
