Un estudio del Instituto Nacional de Limnología (UNL-CONICET) registró el desplazamiento más largo documentado para una raya de agua dulce, con implicancias para su conservación.
Un estudio publicado en la revista científica «Aquatic Conservation: Marine and Freshwater Ecosystems» reportó el movimiento más largo registrado hasta el momento para un elasmobranquio dulceacuícola obligado, grupo que incluye a tiburones y rayas que viven exclusivamente en agua dulce. La investigación fue realizada por científicos del Instituto Nacional de Limnología, dependiente de la Universidad Nacional del Litoral y del CONICET.
El estudio analizó el movimiento de una hembra de raya gigante de agua dulce (Potamotrygon brachyura), una especie que puede medir hasta 1,8 metros de ancho y pesar más de 200 kilogramos. La raya, que medía 74 centímetros de ancho, fue marcada en el bajo río Paraná y recapturada 292 días después a unos 170 kilómetros de distancia, siguiendo el curso del río. Tanto la captura como la recaptura fueron realizadas por pescadores recreativos que colaboran con los investigadores.
Hasta ahora, se sabía que las rayas estrictamente dulceacuícolas se desplazaban no más de 8 kilómetros incluso en períodos de hasta un año. “Nos sorprendió la magnitud del movimiento. Esto muestra que al menos algunas especies, las más grandes, pueden moverse distancias mucho mayores a lo largo de los sistemas fluviales, de lo que se asumía previamente”, afirmó Diego Martín Vazquez, primer autor del trabajo.
El hallazgo sugiere que las grandes rayas de agua dulce requieren áreas más extensas para vivir que lo que se pensaba hasta ahora, similares a las de tiburones y rayas que se mueven entre los ríos y el océano. Esto tiene implicancias directas para la conservación, ya que muchas rayas de agua dulce están entre los vertebrados más amenazados del planeta. Potamotrygon brachyura está categorizada como “Vulnerable” por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.
“Si las rayas gigantes se mueven cientos de kilómetros regularmente, manejar sus poblaciones a escalas locales puede no ser efectivo”, sostuvo Luis Lucifora, segundo autor del trabajo. Y agregó: “Las estrategias de conservación y manejo pesquero probablemente requerirán coordinación a la escala de sistemas fluviales, involucrando la interacción entre dos o más provincias”.
El estudio se realizó en el bajo río Paraná, uno de los últimos grandes ríos de América del Sur que aún conserva extensos tramos sin represas, lo que permite movimientos de larga distancia. Los científicos señalaron que mantener la conectividad fluvial es de importancia para la megafauna dulceacuícola.
El trabajo completo está disponible en: https://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1002/aqc.70400
