Las radiosmotos (mensajeras del vrtigo y la precisin, llevaban y traan noticias, tiempos y emociones, tejiendo en movimiento la narrativa vibrante de la jornada), iban y venan por las calles del Parque San Vicente de Godoy Cruz, cortando el aire con ese vrtigo inconfundible que anuncia que algo grande est ocurriendo: la edicin 50 de la Vuelta Ciclista de Mendoza.
Entre el murmullo expectante de la multitud y el zumbido de las bicicletas lanzadas a toda velocidad, se escuchaba el clsico grito que erizaba la piel: «Tres… dos… uno… y tiempo!». Era la seal sagrada, el instante exacto donde el esfuerzo se converta en registro, donde cada pedalazo encontraba su sentencia en el cronmetro.
Ese sonido no era solo parte del protocolo; era msica para los apasionados del ciclismo mendocino. Marcaba el pulso de la competencia y aceleraba corazones en cada esquina del circuito.
Y en medio de esa escena cargada de adrenalina, muchos levantaron la mirada al cielo o al recuerdo para evocar al eterno Santiago Pizarro. Con su inseparable Nikon F4 colgada al cuello, no se perda detalle, pedal a pedal. Supo congelar en imgenes la pica de cada edicin, el gesto de dolor transformado en gloria, la celebracin desbordada al cruzar la meta. Su lente fue testigo privilegiado de generaciones de ciclistas y su legado sigue revelndose en cada rincn de la historia grande de la Vuelta.
Santiago Pizarro retrat con detalle, pedal a pedal, la pica de cada edicin de la Vuelta Ciclista de Mendoza. Falleci en 2022.
As se vivi la edicin 50: con historia, con pueblo y con destino de leyenda. Porque cuando el deporte y la identidad se encuentran, no hay viento ni pendiente que detenga la marcha. Mendoza ya vibra al ritmo de sus bicicletas, y la pica vuelve a rodar.
Esa tradicional serpiente multicolor por las rutas
Hablar de la Vuelta Ciclista de Mendoza es tambin evocar a sus leyendas. Entre ellas brilla con luz propia la figura de Juan Carlos Ruarte, la inolvidable «Gacela» del ciclismo. Con apenas 23 aos, deslumbr en la edicin inaugural de 1977, dejando claro que haba nacido un campen. Su pedaleo elegante, casi etreo, y su talento natural lo convirtieron en referente del ciclismo nacional.
Juan Carlos Ruarte, la inolvidable «Gacela» del ciclismo. Foto: Santiago Pizarro.
Ruarte no solo gan aquella primera Vuelta: conquist tres ediciones mendocinas y grab su nombre en la memoria grande del deporte argentino. Su figura representa la esencia de la competencia: juventud, audacia y una determinacin inquebrantable. Cada vez que el pelotn avanza por las rutas mendocinas, su legado vuelve a rodar.
Hoy, medio siglo despus, casi 130 corredores toman la posta de aquella historia fundacional. La Vuelta de Mendoza edicin 50 no es nicamente un evento deportivo; es la reafirmacin de una tradicin que trasciende generaciones. Y cuando el pelotn multicolor se lance a la ruta, no solo competir por un ttulo: competir por entrar en la eternidad.
